El legado de Leon Pomeroy: la ciencia de medir lo subjetivo
Cuando se habla de la Prueba de Valores de Hartman, muchas veces se menciona su base filosófica. Se recuerda que fue desarrollada por Robert S. Hartman a partir de una teoría formal del valor. Sin embargo, menos conocida es la figura del psicólogo que llevó ese modelo al terreno de la investigación empírica y lo sometió a contraste científico: Leon Pomeroy.
¿Quién fue Leon Pomeroy?
Leon Pomeroy, Ph.D., fue psicólogo clínico, investigador y docente. Su trayectoria combinó práctica clínica, investigación en personalidad y un interés profundo por las bases éticas del comportamiento humano.
Estuvo vinculado al entorno de la psicología cognitiva y recibió influencia del Albert Ellis Institute en Nueva York, lo que le proporcionó una formación sólida en modelos racionales y estructurados de la conducta. Esta base fue clave: Pomeroy no abordó la teoría de Hartman desde el entusiasmo filosófico, sino desde la exigencia metodológica propia de la psicología científica.
Además, participó en iniciativas académicas vinculadas a la integración entre psicología, ética y medicina preventiva, y fue cofundador de la International Academy of Preventive Medicine. Su trabajo reflejaba una preocupación constante: comprender cómo los valores influyen en la salud, la conducta y la toma de decisiones.
No fue un autor popular ni un divulgador mediático. Fue, ante todo, un investigador movido por una pregunta concreta: ¿puede estudiarse científicamente la forma en que valoramos?
El desafío: validar una teoría formal del valor
Robert S. Hartman había desarrollado una teoría formal basada en una definición lógica del concepto de “bueno”. A partir de esa definición, propuso una estructura tridimensional del valor: dimensión intrínseca, extrínseca y sistémica.
La teoría era elegante y coherente. Pero necesitaba algo fundamental para consolidarse en el ámbito académico: evidencia empírica.
Hartman le dio al valor una definición lógica; Pomeroy le exigió que resistiera los datos.
Pomeroy asumió ese desafío durante más de dos décadas. Su objetivo no era defender la teoría, sino someterla a prueba utilizando herramientas propias de la investigación psicológica: análisis estadísticos, estudios de fiabilidad, análisis factorial y comparaciones con instrumentos consolidados de evaluación de la personalidad.
El resultado quedó recogido en su obra The New Science of Axiological Psychology (2005), publicada por Rodopi / Brill Academic Publishers, editorial académica especializada en filosofía y ciencias humanas.1
¿Qué investigó exactamente?
Pomeroy analizó el Hartman Value Profile desde varios ángulos:
1. Coherencia estructural
Estudió si las dimensiones propuestas por Hartman aparecían de forma consistente en los resultados. Es decir, si realmente podían distinguirse patrones relacionados con la valoración intrínseca (personas), extrínseca (función, utilidad) y sistémica (ideas, estructuras).
Los análisis apoyaron que el instrumento reflejaba una estructura coherente con el modelo teórico.
2. Fiabilidad
Evaluó si el instrumento mostraba consistencia interna suficiente. En otras palabras, si medía de forma estable aquello que afirmaba medir.
Los resultados indicaron niveles adecuados de fiabilidad para un instrumento que explora dimensiones complejas de la personalidad.
3. Validez concurrente
Para evaluar si el Hartman Value Profile medía algo real y no un artefacto estadístico, Pomeroy lo comparó con dos de los instrumentos más consolidados en psicología de la personalidad: el MMPI y el 16PF de Cattell.
El MMPI (Minnesota Multiphasic Personality Inventory) es un cuestionario clínico desarrollado en la década de 1940 que evalúa patrones de personalidad y posibles indicadores de psicopatología. Se utiliza ampliamente en contextos clínicos, forenses y de selección de personal. Sus escalas miden dimensiones como la tendencia a la depresión, la introversión social, la ansiedad o la desviación psicopática, entre otras. Es considerado uno de los instrumentos más robustos y ampliamente validados de la psicología clínica.2
El 16PF (Sixteen Personality Factor Questionnaire), creado por Raymond Cattell, adopta un enfoque distinto: en lugar de detectar patología, identifica dieciséis factores de personalidad normal —como la estabilidad emocional, la dominancia, la sensibilidad o la apertura al cambio— a partir de análisis factorial del lenguaje cotidiano. Es una herramienta clásica en psicología diferencial y organizacional.3
Comparar el perfil de Hartman con estos dos instrumentos era metodológicamente exigente: implica demostrar que las dimensiones axiológicas (intrínseca, extrínseca, sistémica) no flotan en el vacío teórico, sino que se conectan con variables de personalidad que la comunidad científica ya reconoce y mide de forma fiable. Pomeroy encontró correlaciones significativas entre determinadas configuraciones axiológicas y variables de personalidad medidas por ambos instrumentos.4
Esto no significa que el perfil sustituya a herramientas clínicas, sino que sus dimensiones se relacionan de manera coherente con constructos psicológicos ya reconocidos. Si las dimensiones de valor propuestas por Hartman no tuvieran correlato psicológico alguno, estas correlaciones simplemente no habrían aparecido.
4. Estudios transculturales
Pomeroy también exploró patrones en distintos contextos culturales. Esto permitió observar dos fenómenos relevantes:
- Existencia de ciertas regularidades en la jerarquía de valores.
- Variaciones culturales en la forma de priorizar o integrar dimensiones axiológicas.
Este punto fue especialmente importante porque conectaba con el debate clásico entre relativismo y universalismo moral.
Las conclusiones más relevantes de su trabajo
Más allá de los análisis estadísticos, el aporte más interesante de Pomeroy está en las implicaciones que extrae de sus investigaciones.
1. La forma de valorar es estructural
Una de sus conclusiones centrales es que la manera en que una persona organiza sus valoraciones no es superficial. No se trata simplemente de opiniones cambiantes, sino de una estructura relativamente estable que influye en la percepción, la decisión y la conducta.
2. La jerarquía de valores tiene base empírica
Hartman había propuesto una jerarquía donde la dimensión intrínseca (las personas) tiene mayor valor que la extrínseca (las funciones), y esta mayor que la sistémica (las ideas abstractas).
Los análisis de Pomeroy encontraron respaldo a esta ordenación en muestras amplias, aunque con variaciones según el contexto y la actitud con que las personas responden.
3. Los desajustes axiológicos tienen consecuencias
Pomeroy observó que ciertos patrones de desequilibrio entre dimensiones axiológicas se relacionaban con dificultades psicológicas. Por ejemplo:
- Sobrevalorar lo sistémico frente a lo intrínseco puede asociarse a rigidez.
- Déficits en valoración intrínseca pueden relacionarse con dificultades en autoestima o empatía.
- Desintegraciones entre mundo interno y externo pueden reflejar tensiones decisionales.
Esto no convierte el perfil en un instrumento diagnóstico, pero sí sugiere que la estructura de valoración está conectada con el funcionamiento psicológico.
4. Es posible hablar de psicología axiológica
Pomeroy propuso el término “axiological psychology” para referirse a una psicología centrada en el estudio sistemático de cómo valoramos.
No comprenderemos del todo a una persona hasta que comprendamos la estructura desde la que valora.
¿Por qué esto es relevante hoy?
En el ámbito del desarrollo personal y la toma de decisiones, abundan herramientas basadas en intuiciones o modelos poco contrastados.
El trabajo de Pomeroy no convierte la Prueba de Valores de Hartman en una solución mágica. Pero sí le aporta algo poco frecuente: respaldo investigativo serio.
Eso implica que cuando utilizamos esta herramienta no estamos trabajando sobre una metáfora atractiva, sino sobre un modelo que ha sido examinado con criterios científicos durante décadas.
Y cuando una persona atraviesa un momento de cambio, crisis o redefinición vital, contar con una lectura estructurada de su mapa interno puede aportar algo esencial: claridad.
No elimina la complejidad.
No sustituye la responsabilidad personal.
Pero ayuda a comprender desde dónde se está decidiendo.
Y esa comprensión, como mostró Pomeroy, no es un lujo filosófico. Es una dimensión central de la psicología humana.
De la investigación a la práctica
El trabajo de Pomeroy demostró que la estructura valorativa de una persona es real, medible y relevante para su funcionamiento psicológico. Pero una cosa es producir evidencia científica y otra distinta es que esa evidencia le sirva a alguien que necesita decidir en su vida concreta.
Ahí es donde una lectura estructurada del propio perfil deja de ser un dato académico. Los hallazgos de Pomeroy —que los desajustes axiológicos tienen consecuencias, que la jerarquía de valores tiene base empírica, que la forma de valorar es estructural— se vuelven preguntas concretas: ¿estás priorizando lo sistémico sobre lo intrínseco en una decisión que afecta a personas? ¿Tu autoexigencia refleja una infravaloración de tu propia dimensión intrínseca? ¿La tensión que sientes al decidir nace de un conflicto entre tu mundo interno y las expectativas externas?
No son retórica de autoayuda. Son preguntas con sustrato empírico. Y responderlas con calma, sobre el propio mapa de valores, es lo que convierte un modelo validado en algo más escaso: claridad para decidir.
Referencias
Obras de referencia
- Leon Pomeroy, The New Science of Axiological Psychology (Rodopi / Brill, 2005) — validación empírica de la Prueba de Valores de Hartman.
- Robert S. Hartman, La estructura del valor: fundamentos de la axiología científica (Fondo de Cultura Económica, 1959) — formalización de las dimensiones intrínseca, extrínseca y sistémica del valor. Edición inglesa: The Structure of Value (1967).
Fuentes
- ↩ El programa de investigación de Pomeroy —estudios de fiabilidad, análisis factorial, validez concurrente y correlaciones transculturales— quedó recogido en The New Science of Axiological Psychology (Rodopi / Brill, 2005). Fuente: Pomeroy (2005).
- ↩ El MMPI (Minnesota Multiphasic Personality Inventory) fue creado por Starke R. Hathaway y J. C. McKinley en la Universidad de Minnesota; su primera versión se publicó en 1943.
- ↩ El 16PF fue desarrollado por Raymond B. Cattell a partir del análisis factorial de rasgos de personalidad; su primera edición data de 1949.
- ↩ El estudio de validez concurrente que Pomeroy llevó a cabo junto a John Davis correlacionó la Prueba de Valores de Hartman con el MMPI, el 16PF de Cattell y otros inventarios de personalidad y salud, hallando numerosas correlaciones estadísticamente significativas. Fuente: Pomeroy (2005).
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