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El muerto que sigue online: dignidad intrínseca y memoria digital

Juan Carlos Sastre
#MemoriaDigital #AxiologíaFormal #Hartman #DueloDigital #RedesSociales

Abres el móvil por la mañana y ahí está: «Hace tres años compartiste este recuerdo». La foto sonríe. Un poco más abajo, un aviso amable te recuerda un cumpleaños — el de alguien que ya no cumple años. Su perfil sigue intacto: la misma foto, los mismos amigos, los mismos chistes de hace una década.

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Charlie Brooker, creador de Black Mirror, contó que una de sus historias más conocidas nació de un gesto mínimo: el teléfono le sugirió borrar el contacto de un amigo que había muerto.1 Esa fricción — la máquina tratando a un ausente como un dato más que gestionar — encierra un problema que no ha dejado de crecer.

La máquina tratando a un ausente como un dato más que gestionar.

El muerto que no se apaga

Cuando alguien muere, su vida online no se detiene con él. Facebook ofrece «conmemorar» la cuenta: antepone un «Recordando» al nombre y deja que un contacto de legado la cuide, o bien borrarla para siempre. Mientras tanto, la función de recuerdos sigue trabajando y devuelve fotos, etiquetas y aniversarios sin preguntar si hoy puedes con ellos.2

Pero ya no solo recibes recordatorios: puedes responder. Por el precio de una suscripción puedes hablar con los muertos. Servicios como Project December —cuyo lema es, literalmente, «simula a los muertos», y cuyo descargo advierte de que la experiencia «podría hacerte daño»—,3 HereAfter AI o StoryFile entrenan un avatar con los WhatsApp, los audios y las publicaciones del difunto. Otra empresa, You, Only Virtual, llega a prometer que su tecnología podría «eliminar el duelo por completo».4

Esto ya no es ciencia ficción de nicho. En mayo de 2025, en Arizona, la familia de un hombre asesinado en un altercado de tráfico creó un avatar suyo que pronunció una declaración de impacto ante el tribunal, en su propia voz; el juez, después de escucharlo, impuso la pena máxima.5 Investigadores de Cambridge han descrito hacia dónde puede ir esto: avatares que, vencida la prueba gratuita, empiezan a recomendar comida a domicilio con la voz de la abuela; empresas que se niegan a «apagar» a un muerto.6 Una patente de Meta, concedida a finales de 2025, describe cómo simular a alguien a partir de los datos que dejó en redes — datos que nunca pensó legar para eso.7 El sector tiene incluso nombre, «industria del más allá digital», con proyecciones de mercado que se cuentan en decenas de miles de millones para la próxima década.5

Hay algo profundamente humano en no querer dejar marchar. La pregunta no es si el impulso es comprensible —lo es—, sino qué le hacemos exactamente a una persona cuando la convertimos en esto.

Tres maneras de valorar a alguien

Aquí ayuda Robert Hartman. Conviene un apunte, porque suele atribuírsele de más: la distinción entre valorar algo por sí mismo y valorarlo por su utilidad es muy anterior a él —está en Kant, entre otros—. Lo que Hartman hizo fue otra cosa: formalizar tres dimensiones del valor, ordenarlas y hacerlas medibles.

La primera es la valoración sistémica. Valoras algo según una definición: un triángulo «perfecto», un empleado que «cumple» con la descripción del puesto. Es un molde cerrado, de propiedades finitas, que se cumple o no se cumple.

La segunda es la extrínseca. Valoras por pertenencia y comparación: «un buen médico» frente a otros médicos, útil por su función, intercambiable por ella. Es el terreno del más y el menos, del mejor y el peor.

La tercera es la intrínseca. Valoras al individuo singular como este y ningún otro. Tu madre no es «una madre» mejor o peor que las demás: es ella. Lo intrínseco tiene, en términos de Hartman, una riqueza infinita de propiedades — nunca terminas de describirlo. Y por eso es lo más valioso de las tres dimensiones: lo intrínseco es lo más real; lo sistémico, lo más delgado.

Un modelo no es una persona

Aquí está el nudo. Una persona es intrínseca. Un perfil, un conjunto de datos, un avatar entrenado son sistémicos: un molde —por enorme que sea— de propiedades definidas, un constructo que ocupa el lugar de una singularidad.

El error no es de grado, es de categoría. Y esto desactiva la objeción más habitual: «los modelos mejorarán». No: no se llega a lo intrínseco acumulando lo sistémico. Un modelo «acertado» al setenta por ciento y otro al noventa y nueve son ambos, exactamente igual, definiciones — conjuntos finitos de rasgos, no la infinitud singular de un quién. Más datos te dan un sistémico más rico; jamás un intrínseco. La distancia entre una persona y su mejor simulación no se cierra nunca, porque no es una distancia: es un cambio de naturaleza.

Y entonces ocurre algo que Hartman llamaría una inversión de valor. La tecnología toma lo más alto —la persona irrepetible, lo intrínseco—, la hace pasar por el modo más pobre —un modelo, lo sistémico— y nos devuelve el resultado como si hubiera restituido el original. Cuando además se monetiza —suscripciones, anuncios, la abuela recomendando comida a domicilio—, la persona cae un escalón más y se vuelve extrínseca: una función, una unidad de ingreso, un medio. De fin en sí mismo, a constructo, a instrumento. Es una de las inversiones más limpias que se pueden señalar: lo más sagrado, procesado como lo más prescindible.

Lo más sagrado, procesado como lo más prescindible.

Lo que la muerte le hace a una vida

Que esto importe, y no sea solo incómodo, se entiende mejor con Hannah Arendt. Para Arendt, una vida se vuelve un relato —revela un quién, y no un mero qué— solo cuando se completa. Únicamente cuando alguien muere podemos contar quién fue; el sentido de una vida se cierra con ella. Mantener el perfil «activo», resucitar al avatar, es negarse a ese cierre que convierte la vida en historia: congela el qué —un repertorio de conductas— y clausura el quién.

Arendt también nos recuerda dónde viven de verdad los muertos: en el recuerdo de los vivos, en la historia que sostiene una comunidad. Eso es memoria humana — alguien cargando el relato. Es lo contrario de una máquina simulando una presencia.

Dónde viven de verdad los muertos: en el recuerdo de los vivos, en la historia que sostiene una comunidad.

Byung-Chul Han añade el diagnóstico cultural. Vivimos, dice, en una sociedad que expulsa toda negatividad, y la muerte es la negatividad absoluta. La cultura paliativa no soporta el dolor ni la pérdida: lo quiere todo liso. El avatar del duelo es el gesto paliativo perfecto: se niega a que la muerte sea muerte. Y al disolver el duelo disuelve también el ritual — y los rituales, recuerda Han, son los que dan forma al tiempo y permiten cerrar. Sin ellos, el duelo no termina: solo se aplaza, indefinidamente, en una conversación que nunca se acaba.

El avatar del duelo se niega a que la muerte sea muerte.

Conviene ser honestos en un punto: apenas tenemos investigación sobre el efecto real de estos avatares en quien está de duelo. No afirmo que dañen — afirmo que tocan, con una ligereza temeraria, aquello que más cuidado merece. Lo demás, por ahora, es hipótesis.

La memoria que sí honra

Frente a la promesa tecnológica de «conservar» en presente —una simulación sistémica—, Viktor Frankl ofrece otra idea de conservación, y mucho más sólida. Lo vivido queda guardado en el «haber sido», que para Frankl es el modo más seguro del ser: nada puede deshacer lo que de verdad ocurrió. Los muertos no se anulan; son, en pasado, completos, a salvo. Esa es la conservación real, y es intrínseca: la persona entera, irrepetible, ya cumplida.

Frankl observó además que la transitoriedad —que los momentos pasen y no se repitan— es justo lo que nos hace responsables de realizar lo valioso ahora. La falsa permanencia digital ataca esa transitoriedad y, con ella, una fuente de sentido. Y cuando una empresa promete «eliminar el duelo por completo», promete vaciar precisamente el lugar donde Frankl situaba uno de los sentidos más hondos: el que se encuentra en el sufrimiento que no se puede evitar.

Así que la cuestión práctica no es prohibir estas herramientas, sino no dejar que lo sistémico ocupe el sitio de lo intrínseco. Hay una diferencia concreta entre un perfil que se vuelve un lugar donde los vivos se reúnen a contar quién fue alguien —eso honra: es recuerdo, es relación, es la dimensión intrínseca sostenida entre varios— y un perfil que se convierte en un bot al que ir a hablar, que sustituye a la persona por un modelo de la persona.

Vuelve, al final, la pregunta de Brooker, ahora hacia ti: cómo quieres que te recuerden. ¿Como un relato que otros sostienen, o como un modelo que alguien consulta? Decídelo tú, porque si no lo haces, alguien tendrá que elegir por ti.

Honrar a un muerto no es mantenerlo encendido. Es dejar que su vida, ya completa, siga importando entre quienes la cuentan.

Referencias

Obras de referencia

  • Robert S. Hartman, La estructura del valor (1967) — formalización y medición de las dimensiones sistémica, extrínseca e intrínseca.
  • Hannah Arendt, La condición humana (1958) — natalidad y mortalidad; el «quién» frente al «qué»; la vida como relato que se revela al completarse.
  • Byung-Chul Han, La sociedad paliativa (2020) y La desaparición de los rituales (2019) — la expulsión de la negatividad y la pérdida del ritual.
  • Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido (1946) — el «haber sido» como modo más seguro del ser; el sentido en el sufrimiento inevitable.

Fuentes

  1. Service95, «AI Grief Chatbots Are Digitally Cloning Our Dead Loved Ones», agosto de 2024. service95.com/ai-grief-chatbot
  2. Funeral.com, «What Is a Facebook Legacy Contact», enero de 2026. funeral.com/blogs/the-journal/what-is-a-facebook-legacy-contact-and-how-to-set-it-up
  3. The Boar, «Deathbot: Resurrecting loved ones», noviembre de 2025. theboar.org/2025/11/deathbot-resurrecting-loved-ones
  4. Psychology Today, «Escaping Grief With AI Surrogates», mayo de 2025. psychologytoday.com/us/blog/word-less/202505/escaping-grief-with-ai-surrogates
  5. NPR, «AI "deadbots" are persuasive — and researchers say they're primed for monetization», agosto de 2025. npr.org/2025/08/26/nx-s1-5508355/ai-dead-people-chatbots-videos-parkland-court
  6. T. Hollanek y K. Nowaczyk-Basińska, «Griefbots, Deadbots, Postmortem Avatars: On Responsible Applications of Generative AI in the Digital Afterlife Industry», Philosophy & Technology 37(2), 2024. link.springer.com/article/10.1007/s13347-024-00744-w
  7. Patente de Meta US12513102B2 (presentada en 2023, concedida en diciembre de 2025). Dato procedente de prensa secundaria; conviene verificarlo en el registro de patentes antes de afirmarlo con rotundidad.
Reflexión final

Honrar a un muerto no es mantenerlo encendido. Es dejar que su vida, ya completa, siga importando entre quienes la cuentan.

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