No es lo mismo despistarse que tener torcida una zona del mapa: qué mira tu informe cuando mira tu error
Dos personas entregan la prueba con la misma cantidad de fallos y sus informes no dicen lo mismo. No es un defecto del instrumento: es que sus errores tienen forma distinta. Este artículo va de eso — de que el informe no mira solo cuánto te equivocas, sino cómo.
Contar los fallos es lo de menos
Casi todo el mundo abre un informe buscando una nota. Es un reflejo razonable: llevamos toda la vida recibiendo resultados en forma de cifra.
Y la prueba, en efecto, cuenta. Te pide ordenar dieciocho frases por su valor y mide cuánto se aparta tu orden del orden. Pero ese recuento es la parte menos interesante de todo el aparato, y el motivo es sencillo.
Un fallo puede ser un despiste: dudaste, te distrajiste, colocaste una frase donde no iba. Y puede ser otra cosa muy distinta: una zona entera de tu mapa dibujada torcida, siempre hacia el mismo lado.
Los dos suman igual. No significan lo mismo, no se corrigen igual y no se viven igual.
El examen que Hartman se inventó para explicarse
Para enseñar cómo funciona su prueba sin hablar de valores, Hartman construyó un examen imaginario de geografía: dieciocho accidentes —montañas, ciudades y ríos— que hay que ordenar de norte a sur, y después de este a oeste. Río de Janeiro está en su latitud lo sepas tú o no lo sepas.1
Ese examen ya tiene artículo propio en este blog, enlazado al final, y aquí no hace falta repetirlo. Lo que sí hace falta es lo que viene justo después, que casi nunca se cuenta: el manual coge las respuestas de un examinado imaginario y las desmonta.
No para contar cuántas falló. Para hacerles tres preguntas.
Y como esas respuestas van de ríos y de montañas, se pueden enseñar enteras sin estropearle la prueba a nadie. Para eso montó el examen.
Primera pregunta: ¿hacia dónde se va tu error?
El examinado imaginario acumula cuarenta y ocho desviaciones en la primera parte. Esa cifra, sola, solo dice que sabe poca geografía.
Entonces el manual las separa por su signo. Treinta y siete de las cuarenta y ocho empujan los lugares hacia el ecuador; solo once los alejan de él. De los once errores con ciudades, diez van hacia el ecuador.2
Eso ya no es desconocimiento: es una regla. Y la conclusión que saca el manual no es «no sabe geografía», sino algo mucho más concreto — no sabe nada de lo que queda lejos del ecuador, y todo lo que ignora lo coloca en el medio.2
Un despiste no tiene dirección. Un sesgo sí, y por eso predice: dale un lugar nuevo y sabrás de antemano hacia dónde lo va a mover.
Trasladado a la manera de valorar, esto se vuelve incómodo enseguida. Equivocarse por exceso y equivocarse por defecto son el mismo error de tamaño y el contrario de sentido. El manual cuenta seis formas de tener una zona desenfocada: cada una de las tres maneras de valorar, inflada o encogida.3
En el recuento pesan igual. En una vida, no.
Lo que se equivoca al azar no deja huella. Lo que se equivoca siempre igual acaba pareciendo criterio.
Segunda pregunta: ¿repartido o amontonado?
La segunda pregunta no mira hacia dónde, sino cómo está distribuido.
Vuelve a las cuarenta y ocho desviaciones. Pueden estar esparcidas de forma pareja —todo un poco fuera de sitio— o concentradas: casi todo bien y un puñado de errores enormes.
El manual mide exactamente eso, y lo define de una manera que merece la pena leer despacio: repartir bien significa ser capaz de juzgar todos los elementos por igual aunque no le demos a ninguno su lugar exacto; ser capaces, a pesar de nuestros errores, de darle a cada cosa su lugar relativo dentro del conjunto.4
Es decir: puedes equivocarte en todas las posiciones y acertar en el orden. El mapa está mal escalado y aun así te lleva a los sitios.
El caso contrario es el que preocupa. Cuando un solo elemento se desvía más que todos los demás juntos, el manual dice que esa persona no abarca el campo de una mirada, sino que lo picotea. Y añade lo que de verdad importa: eso no revela solo lo que no sabe, sino su dificultad para sostener la atención sobre el asunto.5
Tercera pregunta: ¿van parejas tus tres maneras de mirar?
La tercera da la vuelta a lo que uno espera encontrar en un informe.
Hartman la enuncia todavía sobre el examen de geografía, con las montañas, las ciudades y los ríos haciendo de las tres maneras de valorar. Y dice esto: si conozco las tres por igual —igual de bien o igual de mal—, seré consistente, y eso me dará una cierta seguridad en mi propio juicio aunque mi nivel general no sea alto. Si mi conocimiento de las tres es desigual, seré inconsistente, y eso me dejará inseguro aunque mi nivel general sea alto.6
El nivel y la confianza son cosas distintas, y no van del brazo.
Quien ve regular en las tres zonas se mueve por el mundo con más pie que quien ve estupendamente en dos y tiene un agujero en la tercera. No porque sepa más. Porque su manera de mirar no se contradice a sí misma.
Hay un detalle más, y es fino: para la proporción entre las tres zonas, el manual observa que es peor tener una claramente mala que tener una claramente buena. Una fortaleza que sobresale deforma menos el conjunto que un hueco que sobresale.7
Se puede ir bastante perdido y tener el paso firme; y se puede tener muy buena vista y no fiarse de los propios ojos.
Ver bien y enfocar mal
De aquí sale la consecuencia que cambia la lectura de un informe entero.
El manual la enuncia con la analogía óptica que recorre todo el texto: igual que en el astigmatismo la vista puede ser buena y el enfoque malo, en la valoración se puede distinguir con enorme finura y tener a la vez estropeado el sentido de la proporción.8
Son cosas independientes. Una buena agudeza general no te protege de tener una zona entera torcida, y la torcedura no se detecta mirando la agudeza.
El problema de una zona torcida es que no se vive como un error. Se vive como buen criterio.
El manual pone un ejemplo que no se olvida. Un amigo te avisa de que su mujer ha muerto de repente y tú no vas a acompañarlo porque el viaje sale demasiado caro. Si tu mirada está escorada hacia lo práctico, esa decisión no te parecerá fría: te parecerá correcta. Solo con sentido de la proporción se ve lo que es.3
Ahí está el punto entero. Un despiste se nota. Un sesgo no, porque es justamente él quien decide qué te va a parecer normal.
La consistencia no es, por sí sola, una virtud
Conviene cerrar una puerta antes de que alguien la abra, porque este argumento tiene una versión perezosa: «lo importante es ser coherente».
No lo es. El propio manual describe el caso extremo. Alguien que invirtiera el orden entero —lo primero en el último lugar, lo último en el primero— sería perfectamente consistente: su acuerdo con el orden correcto resultaría ser el inverso exacto del acuerdo perfecto. Con sus palabras, invertir del todo los valores significa ver de manera consistente lo bueno como malo y lo malo como bueno.9
Consistencia máxima, error máximo.
Así que la consistencia no es la meta: es una clave de lectura. Sirve para saber si lo que tienes delante es ruido o es una regla. Y con una regla sí se puede trabajar, precisamente por serlo: como se repite, se la puede pillar en el acto.
Qué preguntarle a tu informe
Con un informe delante, hay tres preguntas que ordenan casi todo lo demás.
La primera: ¿mi error tiene dirección? Cuando fallo, ¿fallo hacia el mismo lado?
La segunda: ¿está repartido o amontonado? ¿Es una neblina pareja o hay una zona concreta mal dibujada?
La tercera: ¿van parejas mis tres maneras de mirar? Porque de ahí sale la confianza, y la confianza no sale del nivel.
No encontrarás aquí qué medidas responden a cada pregunta ni con qué criterio se leen. Es deliberado por dos motivos: una tabla de cifras en un artículo divulgativo solo sirve para autodiagnosticarse con ella, y publicar el criterio le estropea la prueba a quien fuera a hacerla.10
Y si no tienes informe, hay una versión casera que no mide nada pero enseña algo. Durante una semana, apunta las decisiones de las que te arrepientas. No cuántas: hacia qué lado fallaron. Si te precipitaste o si te contuviste. Si diste de más o de menos. Si pusiste por delante la norma, el resultado o a la persona.
Al final de la semana, si los fallos apuntan a sitios distintos, era ruido. Si apuntan todos al mismo, no te estabas despistando.
Ahí está la diferencia práctica entre las dos frases con las que puede terminar la lectura de un informe. Una es «me equivoqué». La otra es «me equivoco así».
Solo la segunda se puede trabajar, porque solo la segunda tiene un sitio adonde ir a mirar.
Referencias
Obras de referencia
- Robert S. Hartman, The Hartman Value Profile: Manual of Interpretation (Robert S. Hartman Institute, 2.ª ed., 2006) — el análogo geográfico y el desmontaje de sus errores, la analogía óptica y la relación entre nivel de juicio y consistencia.
- Robert S. Hartman, La estructura del valor: fundamentos de la axiología (FCE, 1959) — el axioma del valor y las tres dimensiones de las que se deduce la norma con la que la prueba compara.
- Mariano Cruz Zamora, Manual para la interpretación clínica del Perfil de Valores Hartman: en la versión de Alfonso Castro Asomoza (2015) — la lectura clínica en español del signo de la desviación, sobrevaloración y desvaloración.
Fuentes
- ↩ Manual of Interpretation, §1 («A Geographical Analogue to the HVP»), §§1.2–1.8. El examen imaginario consta de dos partes de dieciocho elementos —seis montañas, seis ciudades y seis ríos en cada una—, ordenados de norte a sur en la primera y de este a oeste en la segunda; las tres categorías hacen de dimensiones del conocimiento en cuestión. Hartman lo construye porque los elementos de la prueba real «representan fórmulas matemáticas que dan a cada uno una posición exacta en el sistema axiológico formal, igual que las palabras “Río de Janeiro” indican una posición exacta en un sistema de coordenadas de latitud y longitud». Ese es también el motivo de que el análogo pueda exponerse entero sin comprometer la prueba: sus respuestas van de accidentes geográficos, no de frases de valor. Traducciones propias.
- ↩ Manual of Interpretation, §1.9.4, sobre las puntuaciones de signo del examen imaginario: «En ciudades, en cambio, solo 1 localización se aleja del ecuador mientras que 10 se acercan a él, una distribución muy desigual […]. Como resultado, en total 11 de las 48 desviaciones se alejan del ecuador y 37 se acercan; en total, el 77 % de los desplazamientos van hacia el ecuador. Esto significa que la persona tiene, en general, un conocimiento muy pobre de todo lo que queda lejos del ecuador, y lo sitúa todo alrededor del ecuador». Traducción propia. En el mismo apartado, el reparto de la dimensión de los ríos que da el original (5 y 20) no cuadra con el total de esa dimensión ni con la suma global, que sí es consistente (11 + 37 = 48); es un error del texto o de su reconocimiento óptico, y por eso aquí solo se citan las dos cifras inequívocas. La segunda parte del examen muestra el mismo fenómeno en el otro eje: los desplazamientos se agolpan hacia el meridiano de Greenwich.
- ↩ Manual of Interpretation, §8.5.1.2: la falta de proporción entre las dimensiones puede deberse a sobrevaloración o a desvaloración de cualquiera de las tres, «hay pues seis formas de astigmatismo axiológico, que pueden aparecer solas o de dos en dos (no, claro está, las tres a la vez, pues en ese caso las tres quedarían equilibradas al menos en números absolutos)». En el mismo apartado está el ejemplo del amigo: «si tu mejor amigo te comunica que su mujer ha muerto de repente y tú no vas a consolarlo en su duelo porque saldría demasiado caro, considerarías esa acción, o no-acción, completamente correcta [con una sobrevaloración de lo extrínseco]. Pero si tienes sentido de la proporción considerarías esa falta de acción como algo insensible y como una incapacidad de ver lo humano antes que lo práctico». Traducciones propias; el corchete sustituye la notación del índice. La figura del astigmatismo axiológico se explica en otro artículo de este blog; lo que aquí se añade es que tiene signo. En español, la tradición clínica de Roquet–Castro recogida por Cruz Zamora (2015) trabaja también con esa distinción de signo entre sobrevalorar y desvalorar, y observa que en su archivo la tendencia mayoritaria es la desvaloración.
- ↩ Manual of Interpretation, §1.9.7: «Llamamos a esta capacidad de hacer desaparecer la ignorancia mediante una buena distribución del conocimiento (o de la ignorancia) la capacidad de [integración]. Una buena distribución del conocimiento o de la ignorancia significa que somos capaces de juzgar todos los elementos por igual aunque no le demos a cada uno su lugar correcto en la escala. Somos así capaces, a pesar de nuestras desviaciones respecto de la escala, esto es, de nuestros errores, de dar a cada elemento su lugar relativo en el conjunto». Traducción propia; el corchete sustituye el nombre del índice (ver nota 10).
- ↩ Manual of Interpretation, §1.9.7 y §1.9.10. En el primero: la persona «no ve los elementos como un todo de forma suficientemente pareja, sino unos mucho mejor y otros mucho peor que los demás»; el caso que comenta es el de una dimensión en la que un solo elemento se desvía más que todos los de otra dimensión juntos. En el segundo: «no es capaz de abarcar el campo entero de una mirada, sino que lo picotea. Muestra no solo su conocimiento deficiente, sino también su falta de capacidad de concentración sobre el campo, esto es, de centrar su atención de forma consistente y persistente sobre el asunto en cuestión». Traducciones propias.
- ↩ Manual of Interpretation, §1.9.12: «Si el conocimiento de las tres dimensiones es proporcionado, esto es, si conozco las tres igual de bien o igual de mal, seré consistente no solo en mi conocimiento sino también en mi visión de él. Esto me dará cierta seguridad o confianza en él, aunque el nivel general de mi conocimiento no sea alto, como en la Parte II. Si, en cambio, mi conocimiento de las dimensiones es desproporcionado, esto es, si no conozco las tres igual de bien o igual de mal, seré inconsistente no solo en mi conocimiento sino también en mi visión de él. Esto me dará cierta inseguridad o falta de confianza en él, aunque el nivel de mi conocimiento sea alto, como en la Parte I». Traducción propia. Hartman lo enuncia dentro del análogo geográfico y para definir un índice que aquí no se nombra (ver nota 10); la extensión a la manera de valorar es la que el propio análogo está construido para permitir.
- ↩ Manual of Interpretation, §1.9.5: «es relativamente peor cuando, de las tres puntuaciones dimensionales, la que sobresale es una desviación alta que cuando lo es una baja […]. Es mejor tener una puntuación muy buena entre las tres que una muy mala». Traducción propia; se omite el nombre del índice del que habla el pasaje. Conviene no leerlo como un consejo: describe cómo se comporta el cálculo de la proporción, no una recomendación para nadie.
- ↩ Manual of Interpretation, §8.5.1.3.2: «Igual que en el astigmatismo óptico la visión puede ser buena y el enfoque malo, en el astigmatismo axiológico la visión de valor, esto es, la diferenciación, puede ser buena y el enfoque de las dimensiones malo». Y antes, en el mismo apartado: si la desproporción es alta, «el significado tiene que producirse de manera artificial, pues el astigmatismo hace que el mundo y sus situaciones aparezcan axiológicamente borrosos». Traducciones propias.
- ↩ Manual of Interpretation, §3.1, sobre el orden completamente invertido —el primer elemento en la posición dieciocho, el segundo en la diecisiete y así sucesivamente—: «La inversión completa de los valores significa ver de manera consistente lo bueno como malo y lo malo como bueno». El manual añade que la correlación de ese patrón con el orden teórico es exactamente −1,0, es decir, el inverso perfecto de la correlación perfecta. Traducción propia.
- ↩ Este blog no publica las siglas de los índices, sus fórmulas ni sus escalas de calificación. Dos motivos. El primero es que la prueba se contesta ordenando frases, y conocer de antemano qué se calcula sobre ese orden cambia la manera de ordenarlo. El segundo es que, donde hay umbrales publicados, los del Manual of Interpretation y los que usa la tradición clínica que lo interpreta en español no coinciden del todo; cuando un dato técnico no cuadra entre fuentes, aquí se mantiene cualitativo. Las direcciones y los significados —que es lo que este artículo cuenta— sí coinciden en ambas.
La pregunta que abre un informe no es cuánto has fallado. Es si tus fallos se parecen entre sí. Un montón de fallos distintos es ruido, y el ruido se despeja solo. Unos cuantos fallos iguales son una dirección, y una dirección se puede caminar.