Qué significan los resultados del test de Hartman: leer tu informe sin fórmulas
Dos personas llegan a esta página con la misma pregunta. Una tiene delante un informe recién hecho, lleno de palabras que no había oído nunca. La otra hizo la prueba hace meses, en un proceso de selección, y todavía le da vueltas a qué le vieron. Esto es lo que se puede contar sin estropear el instrumento: las analogías con las que el propio Hartman explicaba qué está mirando.
El informe no recoge lo que contestaste
Hartman sabía que su prueba medía algo difícil de explicar, así que construyó otra en paralelo, imaginaria, solo para enseñar cómo funcionaba por dentro: un examen de geografía.1
Dieciocho nombres —montañas, ciudades, ríos— que hay que ordenar de norte a sur. Después, los mismos dieciocho, de este a oeste. Y Río de Janeiro está en su latitud y en su longitud exactas lo sepas tú o no lo sepas.
Ahí está la clave de todo lo demás: lo que se puntúa no son tus respuestas, sino la distancia entre tu orden y el orden. No hay opinión que valga. Hay una posición correcta, hay la tuya, y entre las dos hay una diferencia que se puede medir.
La prueba real funciona igual, con una sola sustitución: en lugar de coordenadas sobre un mapa, cada frase ocupa una posición exacta dentro del cálculo de valores de la axiología formal. Tú ordenas; el informe mide cuánto te desvías.
Y Hartman añadió una observación que sigue desconcertando: el examen de geografía es más difícil de aprobar que el de valores. La gente conoce sus valores mejor de lo que conoce el mapa, porque nadie da clases de valorar y aun así todos valoramos, mientras que la geografía hay que estudiarla y casi nadie la estudia.2
La geografía hay que aprenderla. Valorar, no: se llega sabiendo, y aun así se llega torcido.
Por qué el informe habla de la vista
De todo lo que la prueba calcula, cuatro medidas son las fundamentales, y Hartman explicó la relación entre ellas con una analogía óptica: si valorar fuese ver, cada una mediría un aspecto distinto de la mirada.3
Una mide la agudeza. Otra, la capacidad de enfocar. Otra, la de captar el conjunto y quedarse con lo que importa. Y la cuarta, la tendencia a confundir la derecha con la izquierda: lo bueno con lo malo.
Lo que casi nadie espera es que sean independientes entre sí. Igual que se puede tener una vista excelente y a la vez astigmatismo, se puede distinguir el valor con enorme finura y aun así ver una situación desequilibrada, perderse en lo irrelevante o confundir lo que conviene con lo que daña.
La agudeza: cuánto detalle distingues
Es lo primero que se mira, porque fija el nivel del informe entero: todo lo demás se lee dentro del marco que ella establece.4
El manual la describe como el indicador global de la salud de la visión valorativa. Cuanta más agudeza, menos errores de percepción; cuanta menos, más.
Conviene deshacer aquí un malentendido muy común. Buena agudeza no significa ausencia de conflicto: significa que ves el conflicto con claridad y sabes situarlo en su contexto. Se puede estar atravesando una dificultad real y percibirla nítidamente, que es una situación muy distinta de atravesarla sin verla.
El astigmatismo: una dimensión desenfocada
El nombre no es una metáfora que añadamos nosotros; es el que usa el manual: astigmatismo axiológico.5
La idea es sencilla. Cualquier situación se puede mirar de tres maneras a la vez —Hartman las llama la personal, la práctica y la teórica— y las tres tienen que verse con nitidez parecida para que la situación se vea entera. Cuando una está mucho más enfocada que las otras, o mucho menos, la imagen sale deformada.
El ejemplo que él escoge no es clínico, es de civilización: mirarlo todo desde el dinero. Las ciudades contaminadas, los bosques talados, los recursos agotados. Dejar fuera del campo de visión la matriz ecológica de la actividad comercial es, dice, astigmatismo axiológico.
Y lo ilustra con una escena que toma prestada de H. G. Wells. En las colonias de pingüinos del sur desembarcan hombres que los matan a palos sobre sus propios nidos —de los que las aves no se mueven— para hervirlos y sacarles el aceite. Cada pájaro deja una ganancia mínima, pero sale a cuenta. Y quienes dirigen esas operaciones, anota Wells, tienen una sólida formación comercial.
El astigmatismo no es no ver. Es ver una cosa tan bien que las demás dejan de existir.
La integración: ver el conjunto, no solo la pieza
La tercera medida no pregunta cuánto distingues, sino si sabes quedarte con lo relevante cuando la situación se complica, y resolver desde ahí.6
Dos personas pueden separar unas cosas de otras con la misma finura y una de ellas enredarse sistemáticamente en lo que no venía al caso. Es la diferencia entre ver todos los detalles de una situación y saber cuál de ellos la decide: entre percibir y orientarse.
El estrabismo: confundir lo que te conviene con lo que te daña
La cuarta medida es la propensión a valorar como bueno algo que no lo es y a devaluar algo que sí lo era. Dentro de la analogía óptica, Hartman lo llama estrabismo axiológico: confundir la derecha con la izquierda.7
La tradición clínica que lee esta prueba en español lo formula más llano: la persona confunde lo que le beneficia con lo que le perjudica. Y añade lo decisivo: no como elección consciente, sino por su propia dificultad. Por eso el perfil no juzga a nadie; describe un funcionamiento.
De ahí que sea la más difícil de detectar por cuenta propia: nadie vive su confusión como confusión. En el momento de elegir, lo que hacía daño parecía lo bueno.
Se lee además como un momento y no como un rasgo. Pocas confusiones apuntan a un momento de claridad; muchas, a un momento de cuestionamiento.
Dos miradas, no una
Hay algo que sorprende a casi todo el mundo al recibir el informe: la prueba no mira una vez, mira dos. Una parte examina cómo valoras el mundo; la otra, cómo te valoras a ti.8
Y casi nadie tiene las dos igual de afinadas. La asimetría es lo normal; lo que informa es hacia qué lado se inclina y cuánto. Es la fractura más frecuente de todas, y tiene artículo propio en este blog, enlazado al final.
Una precisión, porque el informe que se entrega hoy en español suele traer tres bloques y no dos: a las dos partes originales de Hartman, la tradición clínica mexicana añadió después una tercera, la que mira la regulación de la energía vital. No es de Hartman, y no cambia nada de lo dicho hasta aquí: las cuatro familias de hallazgos se leen igual dentro de cada bloque.8
Si te lo hicieron en un proceso de selección
Buena parte de quien busca esto en internet no se hizo la prueba por curiosidad: se la hicieron en una empresa, y meses después sigue queriendo saber qué se leyó ahí. Hay tres cosas que se pueden decir con honestidad.
No hay nota de corte. Hartman escribió que para ciertos puestos no conviene buscar el perfil más alto, sino una persona de alcance más estrecho y bien equilibrada, mientras que para otros se busca justo lo contrario: un margen amplio de juicio. El instrumento no ordena candidatos en una sola línea. Describe una manera de valorar, y el ajuste depende del puesto.9
No mide tus ganas. El manual es explícito: la prueba no mide la energía ni el empuje de una persona. Dos personas con una dotación axiológica idéntica pueden tener rangos de acción muy distintos.10
Es una foto, no una sentencia. El propio manual incluye una medida para cuando la prueba se repite, y lo que esa medida calcula es el desarrollo de la capacidad de valorar entre una vez y la siguiente. Está construido, literalmente, contando con que el resultado se mueva. La tradición clínica, por su parte, lee un número alto de confusiones como un momento difícil, no como un defecto de carácter.7
Qué se hizo después con ese informe es otra cuestión, y esa ya no depende del instrumento sino de quien lo leyó.
La clave de lectura
La tradición clínica que sistematizó esta prueba en español dejó un criterio general que ordena todo lo anterior: la persona se vive desde su dimensión más liberada, pero se rige desde la más bloqueada.11
Es decir: lo que enseñas —aquello en lo que eres bueno, el terreno donde te mueves con soltura— sale de donde ves claro. Lo que decide por ti en las encrucijadas sale de donde no ves.
Por eso un informe no se lee buscando la nota. Se lee buscando la borrosidad.
Qué preguntarle a tu informe
Si tienes un informe delante, la pregunta útil no es si es bueno o malo. Es cuál de estas cuatro cosas es la tuya, y en cuál de las miradas aparece.
Un ojo que ve borroso sigue siendo un ojo. La borrosidad no es un veredicto: es una dirección, y lo único que te pide es que mires ahí.
Y si aún no tienes informe, en la página de la Prueba de Valores de Hartman está lo previo: qué mide, cómo se hace y cómo es el proceso de interpretación.
Referencias
Obras de referencia
- Robert S. Hartman, The Hartman Value Profile: Manual of Interpretation — el manual original del instrumento, del que proceden tanto la analogía geográfica como la de la vista. Hartman lo terminó en los últimos años de su vida; el Robert S. Hartman Institute publicó la segunda edición en 2006. El perfil se construyó en México, en colaboración con el psicólogo Mario Cárdenas Trigo.
- Mariano Cruz Zamora, Manual para la interpretación clínica del Perfil de Valores Hartman (2015) — sistematización de la tradición clínica Roquet–Castro; de aquí procede la lectura de la prueba en español y el criterio general de interpretación.
- H. G. Wells, The Undying Fire — de donde Hartman toma la escena de las colonias de pingüinos.
Fuentes
- ↩ Robert S. Hartman, The Hartman Value Profile: Manual of Interpretation, §1 («A Geographical Analogue to the HVP»), §§1.1–1.6. El manual explica que los ítems de la prueba «representan fórmulas matemáticas que dan a cada ítem una posición exacta en el sistema axiológico formal, igual que las palabras "Río de Janeiro" indican una posición exacta en un sistema de coordenadas de latitud y longitud». El manual da esas coordenadas como «22.53 de latitud sur y 43.17 de longitud oeste»; aquí no se reproducen porque su notación es ambigua y no cuadra del todo con las coordenadas reales de la ciudad en ninguna de las dos lecturas posibles, y el argumento no depende de la cifra. El examen geográfico imaginario consta de dos partes de dieciocho ítems —montañas, ciudades y ríos—, ordenados de norte a sur en la primera y de este a oeste en la segunda. Que la puntuación mida la desviación respecto de un orden teórico, y no el acierto de las respuestas, está enunciado en §0.3. Las traducciones de los pasajes son propias.
- ↩ Manual of Interpretation, §1.5: el examen de geografía resulta más difícil de aprobar que el de valores, «lo que significa que el conocimiento geográfico de la gente es menos claro que su conocimiento de los valores», y que este último es innato, «pues no hay cursos donde la gente pueda aprender los valores de los ítems, mientras que el conocimiento geográfico tiene que aprenderse y normalmente no se aprende». Hartman deriva de ahí una tesis más fuerte —que los hechos importan menos que los valores— que aquí no se recoge: es una inferencia suya, no un resultado de la prueba.
- ↩ Manual of Interpretation, §3.2.3.1: «La interrelación entre estas cuatro medidas puede aclararse mediante una analogía con la visión. Si la capacidad de "ver" valores se compara con la de ver objetos, entonces [la primera] mide la agudeza de la visión; [la segunda], la capacidad de enfocar (astigmatismo axiológico); [la tercera], la capacidad de ver Gestalten o totalidades; y [la cuarta], la propensión a confundir la derecha y la izquierda, esto es, axiológicamente el bien y el mal (estrabismo axiológico)». Las cuatro se enuncian también en §0.6.1, respectivamente como la capacidad de diferenciar valores, el sentido de la proporción entre las dimensiones, la capacidad de resolver problemas y ver lo relevante en lo complejo, y la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo. Aquí se describen por su significado, sin siglas, umbrales ni fórmulas: publicarlos comprometería la prueba para quien fuera a hacerla.
- ↩ Manual of Interpretation, §8.4.0: es «el índice que hay que mirar primero en la interpretación de una prueba», porque establece el nivel del test y el marco dentro del cual las demás cifras tienen su posición relativa. La formulación de la agudeza como indicador global aparece en §3.2.3.1 y la recoge en español Cruz Zamora (2015). La precisión sobre el conflicto percibido con claridad —que una buena agudeza no implica ausencia de conflicto, sino capacidad de situarlo en su contexto— es de Cruz Zamora (2015).
- ↩ Manual of Interpretation, §8.5: «Las tres dimensiones del valor deben verse en igual proporción y no desproporcionadas entre sí […]. Si una de las dimensiones se ve más claramente y las otras menos, o una menos claramente y las otras dos más, tenemos lo que se llama astigmatismo axiológico». Hartman nombra las tres dimensiones como la personal, la práctica y la teórica. En el mismo apartado: «Toda visión parcial de una situación, o del mundo, es astigmatismo axiológico», con el ejemplo de mirarlo todo desde el dinero o el beneficio —contaminación, tala de bosques, agotamiento de recursos— y la cita de H. G. Wells sobre las colonias de pingüinos del Antártico, sacrificados por su aceite con un beneficio ínfimo por ave. Cruz Zamora (2015) recoge el mismo término en la tradición clínica en español.
- ↩ Manual of Interpretation, §3.2, escala C: mide «la capacidad del sujeto de ver lo relevante en situaciones complejas»; en §0.6.1, «la capacidad de resolver problemas y ver lo relevante en lo complejo».
- ↩ Manual of Interpretation, §3.2, escala D: mide «la propensión del sujeto a la distorsión valorativa, esto es, a la confusión entre valoración y desvaloración»; toda confusión de ese tipo es «o bien una desvaloración de una valoración, o bien una valoración de una desvaloración». La formulación llana —confundir lo que beneficia con lo que perjudica, y no como acto de elección consciente sino por la propia problemática— y la lectura como momento (pocas confusiones, un momento de claridad; muchas, un momento de cuestionamientos) son de Cruz Zamora (2015), que subraya además que «el Perfil de Valores no persigue juzgar a la persona, sino observar y describir su funcionamiento». La medida para la repetición de la prueba es el Retest Quotient (§3.2.16): «mide, en el caso de repetición del test, el desarrollo de la capacidad de valorar».
- ↩ Manual of Interpretation, §0.5: «La prueba consta de dos partes: la primera mide la capacidad de valorar el mundo; la segunda, la capacidad de valorar el propio yo». La tercera parte —el mundo sexual, o «Gran Sistémico»— es posterior y no es de Hartman: la diseña el psiquiatra mexicano Salvador Roquet siguiendo la axiología formal, y en 1984 se la entrega a su discípulo Alfonso Castro Asomoza, que la sistematiza; el conjunto llega a nosotros por esa vía y lo recoge Cruz Zamora (2015). El manual también mide la relación entre las dos capacidades —valorar el mundo y valorarse— con una medida de balance (§3.2.14): es la asimetría a la que se dedica el artículo enlazado al final, y por eso aquí no se desarrolla.
- ↩ Manual of Interpretation, §8.4.0.1. Hartman contrapone dos búsquedas: para un puesto de vigilancia no conviene un perfil muy alto, sino «una persona de alcance limitado pero bien equilibrada en su nivel»; para un puesto directivo, en cambio, «querría un nivel alto de juicio, lo que significa un rango amplio de personalidad». Los ejemplos de oficios que da el texto son de su época y no se reproducen aquí; lo que se conserva es el criterio: el ajuste depende del puesto, no de una nota única.
- ↩ Manual of Interpretation, §0.2: «La prueba no pretende medir la energía o el empuje que una persona tiene. Dos personas con idéntica dotación axiológica pueden tener rangos de acción distintos, dependiendo de su energía innata». En §0.1 el manual precisa que la capacidad de valorar es, en un sentido, independiente de las capacidades intelectuales y emocionales, y en otro dependiente de ellas, en la medida en que consiste en la habilidad de organizarlas.
- ↩ Cruz Zamora (2015), criterio general de interpretación de la tradición Roquet–Castro: «la persona se va a vivir en la Dimensión más liberada (sin bloqueos) pero se va a regir desde la Dimensión más bloqueada». Es una regla de lectura clínica, no un resultado formal enunciado por Hartman.
Nadie sale de un informe sabiendo quién es. Se sale sabiendo dónde mirar, que es exactamente lo que un mapa puede darte y una etiqueta no.