Ver claro no es lo mismo que verte a ti: las dos miradas del perfil y por qué casi nunca están igual de afinadas
Decimos de alguien que es lúcido igual que decimos que es alto: como si fuera algo que lleva encima a todas partes. El Perfil de Valores de Hartman no lo mide así. Mide dos veces —una hacia el mundo y otra hacia uno mismo— y las dos cifras casi nunca se parecen. Ver claro, resulta, no es una cualidad: es una dirección.
La lucidez no es un rasgo
Fíjate en cómo lo decimos. «Es una persona muy lúcida.» La frase coloca la lucidez del mismo lado que la estatura o el color de los ojos: algo que se tiene y que, por tanto, acompaña a su dueño a todas partes.
De ahí sale un salto que damos sin pensarlo. Si alguien lee bien a los demás, suponemos que también se lee bien a sí mismo. Y si alguien se equivoca una y otra vez consigo, suponemos que en general no ve muy lejos.
El perfil no autoriza ninguna de las dos suposiciones. Sus dos partes se puntúan por separado, y Hartman puso nombre a la diferencia: la primera medida es la de la heterovaloración —valorar lo que no eres tú—; la segunda, la de la autovaloración.1
No son dos usos de la misma destreza. Son dos medidas distintas, y la segunda no se deduce de la primera.
Conviene aclarar aquí qué significa «afinada», porque no significa amable. Una mirada afinada hacia ti no es la que te trata bien: es la que distingue. La que separa lo que hiciste de lo que eres, lo grave de lo simplemente molesto, lo tuyo de lo heredado. Se puede ser durísimo con uno mismo y tener esa mirada muy fina; y se puede ser amabilísimo y no distinguir nada.
La misma familia de medidas, calculada dos veces
Hartman explicaba lo que su prueba mira con una comparación óptica. Cuatro medidas fundamentales: la agudeza con que distingues valores, la capacidad de enfocar, la de captar el conjunto y quedarte con lo relevante, y la propensión a confundir la derecha con la izquierda, es decir, lo bueno con lo malo.2 Ese cuarteto tiene su propia pieza en este blog. Lo que aquí importa es algo que casi nunca se cuenta de él.
Esas cuatro medidas no se calculan una vez. Se calculan en cada parte. El manual describe cómo sería un resultado perfecto —tan improbable que lo da por imposible—: cero en las cuatro, y cero en las dos partes.3
Así que no tienes una agudeza: tienes una agudeza hacia el mundo y otra hacia ti. No tienes un enfoque, tienes dos. No hay una casilla que diga cómo de claro ves. Hay dos columnas, y a menudo no se parecen.
Ni siquiera dentro de una misma parte se implican unas medidas a otras. El manual insiste en ello: la agudeza y el enfoque no guardan proporción, y se puede tener una vista finísima con el enfoque torcido, igual que hay ojos excelentes con astigmatismo.4
Nadie dice que alguien «ve bien» sin precisar de qué ojo habla. Con la lucidez lo hacemos continuamente.
El mismo indicador, dos significados opuestos
Hay algo más raro todavía, y cambia por completo cómo hay que leer un informe. No es solo que las dos miradas puedan diferir en nitidez: es que un mismo indicador no significa lo mismo en una parte que en la otra.
El manual lo dice de la más delicada de las tres dimensiones, la intrínseca, la que mira lo único y lo que no se sustituye. Cuando ese indicador aparece alto en la parte del mundo, señala insensibilidad al valor: algo de lo irrepetible que tienes delante no te está llegando. Cuando aparece alto en la parte de uno mismo significa lo contrario: sobresensibilidad, una falta de definición propia que se vive como falta de identidad.5
Merece la pena leerlo dos veces. El mismo indicio, en el mismo grado, apunta a insensibilidad hacia fuera y a exceso de sensibilidad hacia dentro.
Por eso la segunda mirada no es la primera aplicada a ti. Tiene su propio vocabulario. Leerla con el diccionario de la otra es el error más frecuente que se comete con un informe, y también el que se comete a diario sin informe ninguno: deducir que quien entiende tan bien a los demás tiene por fuerza que entenderse.
Cuál de las dos marca el techo
De todo el aparato hay una instrucción de lectura que merece copiarse entera. El manual dice que lo primero es fijarse en cuál de las dos miradas es la mejor, y añade que da igual si es la del mundo o la de uno mismo. Porque la mejor da la potencialidad de tu capacidad de valorar, y la peor da su actualidad.6
Sin jerga: la más afinada de tus dos miradas dice de lo que eres capaz. La otra dice el nivel en el que estás funcionando de hecho.
Es una distinción incómoda y muy útil, porque convierte la distancia entre ambas en algo concreto. No es una contradicción interesante ni un rasgo de carácter. Es capacidad tuya, documentada en tu propia prueba, que no está entrando en juego.
Tu techo lo fija la mirada que mejor funciona. Tu vida cotidiana, la otra.
Cómo se ve cada caso desde fuera
Hartman dejó descrito el caso más frecuente, y con nombre en clave. Una mujer a la que llama solo L.S. tiene un juicio sobre el mundo exterior casi inmejorable: lee a las personas y las situaciones con una precisión que él califica de extraordinaria. Y a continuación anota, sin ningún dramatismo, que no aplica toda esa capacidad a sí misma —alrededor de un sesenta por ciento— y que ve su propio papel en el mundo bastante menos claramente de lo que ve el mundo.7
Desde fuera, esa vida tiene una forma reconocible. Es la persona a la que todos consultan y que, sobre su propio asunto, lleva tres años dando vueltas al mismo punto. No es falsa modestia ni un misterio de carácter: es un instrumento que funciona y un objeto al que casi nunca se apunta.
La dirección contraria también existe —el manual subraya que la mejor mirada puede estar en cualquiera de las dos partes— y desde dentro se nota mucho menos. Ahí lo ordenado y legible es el interior: sabes quién eres, qué quieres, qué te importa. Lo que se ve borroso es el terreno, así que se decide bien y se aterriza mal. Esa fractura tiene artículo propio en este blog, enlazado al final, y no la repetimos aquí.
Por qué casi nunca coinciden
Que las dos miradas se separen es lo habitual, y hay dos razones que lo explican sin recurrir al carácter de nadie.
La primera es que solo una de las dos tiene corrector. Valorar el mundo se entrena solo, porque el mundo contesta: calculas mal a una persona y la consecuencia llega, lees mal una situación y el resultado te lo dice. Son miles de correcciones pequeñas a lo largo de una vida, casi todas gratis.
La otra mirada no tiene ese circuito. Nadie te devuelve el resultado de haberte valorado mal. Y las pocas correcciones que llegan vienen en una moneda que ya has aprendido a rechazar: quien te quiere «no es objetivo» y quien no te quiere «no te conoce». Una de las dos se corrige a diario contra la realidad; la otra se corrige a sí misma, que es otra manera de decir que no se corrige.
Una mirada la corrige el mundo. La otra la corriges tú, que eres parte interesada.
La segunda razón es que no trabajan con la misma dimensión. Valorar el mundo es, la mayor parte del tiempo, trabajo extrínseco y sistémico: comparar, ordenar por función, aplicar la regla. Eso lo entrena la escuela, lo entrena el oficio, lo entrena media vida laboral.
Valorarse a uno mismo es, por definición, trabajo intrínseco: el propio ser no se compara con nada ni se resuelve con una norma. Es la dimensión que menos se practica y resulta ser justo la única que la segunda mirada necesita de verdad. De ahí, probablemente, que sea también la que invierte su significado al cambiar de parte.
Nada de esto es un defecto de fábrica. Es lo que le ocurre a cualquier capacidad que se ejercita mucho en una dirección y casi nada en la otra.
Qué se hace con dos miradas desparejas
La salida no es conseguir una mirada nueva. Es la que ya tienes.
Al comentar un perfil en el que las dos partes se cruzan, Hartman anota que ese cruce indica tensión, sí, pero también el esfuerzo por resolverla: usar la fuerza de la mirada hacia el mundo exterior para corregir la debilidad de la interior.8
Traducido a algo que se pueda hacer un martes cualquiera: cuando valoras algo de fuera ejecutas un procedimiento entero sin darte cuenta. Preguntas, reúnes contexto, buscas la causa, comparas con casos parecidos, dejas la conclusión en suspenso hasta tenerlo todo. Cuando el objeto eres tú, ese procedimiento se salta y se va directo al veredicto.
La asimetría, muchas veces, no es de dureza. Es de método. Y el método sí se traslada: la próxima vez que dictes una frase sobre ti, pregúntate qué datos habrías pedido antes de decírsela a otro. Si la respuesta es «unos cuantos», no estabas valorando.
Lo que esto no dice
Conviene ser exacto. El perfil no dictamina cuál de las dos miradas tiene razón: muestra dónde se separan y cuál está haciendo el trabajo.
Tampoco mide lucidez en el sentido corriente de la palabra, ni ganas, ni empuje. El propio manual advierte que la prueba no pretende medir la energía de una persona: mide capacidad de juicio de valor, y de ahí a una vida concreta hay un tramo que el instrumento no cubre.9
Y una precisión que va contra la intuición. Aquí el nivel cuenta, y mucho. La instrucción del manual no es «mira la diferencia», sino «mira cuál de las dos es la mejor»: una cosa te dice de lo que eres capaz y la otra dónde estás. No es lo mismo tener las dos miradas parejas y limitadas que tenerlas desparejas y altas.
La segunda opinión que nunca has tenido
Nadie es lúcido. Se es lúcido hacia algo. Y de las dos direcciones que esta prueba mide hay una en la que llevas toda la vida trabajando sin corrector, porque quien aprende y quien corrige son la misma persona.
Por eso tiene sentido mirar lo que dice un instrumento que las puntúa por separado. No para que te califique, sino porque es lo más parecido que hay a una segunda opinión sobre lo único de lo que nunca has tenido una.
Referencias
Obras de referencia
- Robert S. Hartman, The Hartman Value Profile: Manual of Interpretation (Robert S. Hartman Institute, 2.ª ed., 2006) — las cuatro medidas fundamentales y su analogía óptica, la definición de heterovaloración y autovaloración, la instrucción de mirar primero cuál de las dos miradas es la mejor, y los casos clínicos citados.
- Robert S. Hartman, La estructura del valor: fundamentos de la axiología (FCE, 1959) — las tres dimensiones del valor y por qué lo intrínseco no admite comparación.
- Mariano Cruz Zamora, Manual para la interpretación clínica del Perfil de Valores Hartman: en la versión de Alfonso Castro Asomoza (2015) — el origen de la tercera parte que acompaña hoy al informe en español.
Fuentes
- ↩ Manual of Interpretation, §8.4: «La Puntuación de Auto-Diferenciación mide la capacidad de la persona para diferenciar los elementos de valor dentro de su propio Yo. La primera es la medida de la Heterovaloración; la segunda, la de la Autovaloración». Traducción propia; el reconocimiento óptico del original degrada las líneas anteriores del párrafo, pero las dos frases citadas están limpias. El informe que se entrega hoy en español suele traer una tercera parte —la que mira la regulación de la energía vital—: no es de Hartman, y queda fuera de lo que discute este artículo, que solo habla de las dos partes originales. Cruz Zamora (2015) fecha su incorporación en 1984, cuando Salvador Roquet la entregó a Alfonso Castro Asomoza, «que se agregó a las dos ya existentes y originales de Hartman».
- ↩ Manual of Interpretation, §3.2.3 y §3.2.3.1: «Las puntuaciones fundamentales son la Diferenciación, la Dimensión, la Integración y la Disimilaridad […]. La relación entre estas cuatro puntuaciones puede aclararse con una analogía con la visión. Si la capacidad de “ver” valores se compara con la de ver objetos, la Puntuación de Diferenciación mide la agudeza de la vista; la Puntuación de Dimensión, la capacidad de enfocar (astigmatismo axiológico); [la de Integración,] la capacidad de ver gestalten o totalidades; y [la de Disimilaridad,] la propensión a confundir la derecha con la izquierda, esto es, a valorar lo correcto como incorrecto (estrabismo axiológico)». Traducción propia; los corchetes reconstruyen fragmentos que el reconocimiento óptico del original deja ilegibles.
- ↩ Manual of Interpretation, §3.2.3.2: «La medida máxima posible sería 0 en las cuatro puntuaciones, a saber, cuando el sujeto no se desvía en absoluto del orden teórico de los enunciados […]. Su test sería, en ambas partes, el siguiente». Y a continuación: «La probabilidad en contra de esta clase de respuesta es de 1/1315; esto es, es prácticamente imposible». Traducción propia. La cursiva es de este artículo: lo que importa aquí es el «en ambas partes».
- ↩ Manual of Interpretation, §8.4.4: «La Puntuación de Diferenciación no guarda una relación proporcional directa con la Puntuación de Dimensión. Una persona puede tener una Puntuación de Diferenciación muy buena y sin embargo una Puntuación de Dimensión pobre, y a la inversa». Y §8.5.1.3.2: «Como en el astigmatismo óptico la visión puede ser buena y el enfoque malo, así en el astigmatismo axiológico la visión de valor, esto es, la diferenciación, puede ser buena y el enfoque de las dimensiones malo». Traducciones propias.
- ↩ Manual of Interpretation, §8.5.2.1: «Una puntuación I alta en la Parte I significa insensibilidad al valor; en la Parte II significa lo contrario, sobresensibilidad a la auto-valoración o a la valoración de uno mismo. Significa cierta falta de realidad, de identidad, etc.». El mismo párrafo abre señalando que, cuando la puntuación intrínseca destaca sobre la extrínseca y la sistémica en la segunda parte, «existe una falta particular de auto-definición intrínseca». Traducciones propias. Precisión: se habla de la dimensión intrínseca dentro de cada parte, no del balance entre las dos miradas, que es otra familia de medidas.
- ↩ Manual of Interpretation, §8.4.0.2: «Es muy importante advertir cuál de las dos, Dif1 o Dif2, tiene la puntuación más baja. El Dif más bajo da la potencialidad de la capacidad de valorar de la persona, sin importar si está en la primera o en la segunda parte del test. El Dif más alto da la actualidad de la capacidad de valorar de la persona». Traducción propia. En esta escala una puntuación más baja indica menos desviación respecto del orden teórico, es decir, una mirada más afinada; de ahí que «el Dif más bajo» sea la mejor de las dos. No se reproducen umbrales: el manual publica una escala de calificación y la tradición clínica que lo interpreta en español trabaja con un rango de adecuación distinto, así que este blog mantiene cualitativo lo que no cuadra entre fuentes.
- ↩ Manual of Interpretation, análisis del caso L.S. (§8.3.1.4, comentado de nuevo en §8.5.1.7): «Esta persona tiene un juicio excelente del mundo exterior, especialmente de otras personas y de situaciones […]. Su visión del mundo es casi la mejor posible». Y más abajo: «Si bien su capacidad de valorar el mundo exterior es extraordinaria, no aplica toda esa capacidad a sí misma. Su capacidad de juicio, dirigida hacia sí misma, aunque muy buena, no es lo bastante buena para ella, dado su potencial […], lo que significa que solo aplica alrededor del sesenta por ciento de su capacidad de juicio a su propio yo […]; tampoco está tan clara sobre su papel en el mundo». Traducciones propias. Se omiten las puntuaciones concretas del caso: sirven para ilustrar una dirección, no para que nadie se compare con ellas.
- ↩ Manual of Interpretation, §7.7.2.2.1, sobre el caso B.S.: mientras la capacidad de la persona para el valor extrínseco en las situaciones externas supera su nivel general, la misma dimensión en su situación interna queda por debajo de ese nivel. «Ve muy claramente los valores en las situaciones externas, pero solo relativamente vagos los valores en su propia relación con el mundo exterior». Y sobre el cruce entre ambas partes: «Significa tensiones en el terreno del valor extrínseco, así como esfuerzos por superarlas, a saber, usando la fuerza en la visión del mundo externo para corregir la debilidad en la interna». Traducciones propias.
- ↩ Manual of Interpretation, §0.2: la prueba «no pretende medir la energía o el empuje que tiene una persona». Traducción propia. Dicho de otro modo: dos personas con una dotación axiológica parecida pueden tener recorridos vitales muy distintos, y el instrumento no cubre ese tramo.
Ver claro no es una cualidad que lleves encima: es algo que haces hacia algo. La más afinada de tus dos miradas dice de lo que eres capaz; la otra, el nivel en el que estás viviendo. La distancia entre ambas no es un defecto de carácter, sino capacidad tuya que todavía no ha entrado en juego.