No hay nada que preparar: cómo se hace el test de Hartman, paso a paso
Antes de cualquier prueba, todo el mundo hace la misma pregunta: cómo se prepara. Es un reflejo aprendido en veinte años de exámenes y no se apaga porque le digas que aquí no hace falta. Así que hagámoslo al revés: cómo funciona la Prueba de Valores de Hartman desde tu silla —qué vas a hacer exactamente, cuánto dura, qué pasa después— y por qué en esta prueba concreta estudiar juega en tu contra.
«¿Y esto cómo se prepara?»
Es la primera pregunta, siempre. A veces llega por WhatsApp la noche antes.
La respuesta corta es que no se prepara. La larga es más interesante: el manual del instrumento advierte que quien intenta rellenarlo como cree que debería rellenarse suele obtener un resultado peor que quien lo rellena como lo siente.1
No es una cuestión de honestidad moral, es mecánica. Colocar una frase donde crees que «toca» arrastra a las demás a posiciones que ya no eliges tú, y por ahí entra ruido.
Saber de axiología tampoco ayuda. Al contrario: invita a contestar lo que uno cree que se espera, que es exactamente el movimiento que la enturbia.
Prepararte para esta prueba es ensayar delante del espejo la cara que pones cuando no hay espejo.
Por qué el examen es el marco equivocado
La ansiedad previa no es una tontería: es una lectura. Estás tratando la prueba como un examen, y un examen es de esas cosas que se cumplen o no se cumplen. Hay aprobado, hay suspenso, y en medio no hay nada.
Eso, en el vocabulario de Hartman, es el modo sistémico de valorar: el de las reglas, los ideales y los umbrales. Es una manera legítima de mirar muchas cosas. Aplicada a esta prueba, sencillamente no encaja con lo que hay delante.
El segundo movimiento es igual de automático. Si hay nota, hay que optimizarla; y si hay que optimizarla, te preparas como para una entrevista de trabajo, presentando la versión más vendible. Eso es el modo extrínseco —el de lo comparable y sustituible— aplicado a ti.
El problema es que no hay papel que interpretar. El manual es explícito en que la prueba no pretende medir tu energía ni tu empuje: dos personas con idéntica dotación axiológica pueden tener rangos de acción muy distintos.2 Tampoco mide tu inteligencia, aunque la roce. Lo que mide es la capacidad que organiza lo intelectual y lo emocional, no ninguna de las dos por separado.3
Queda el tercer modo, el intrínseco: el del valor de lo único e irrepetible, lo que vale por ser y no por servir. Es el único registro en el que una persona puede ser valorada de verdad, y es precisamente el que ningún instrumento reparte. Ninguna prueba te lo da y ninguna te lo puede quitar.
Ahí está, me parece, el nudo de la ansiedad previa —y esto es observación mía, no un resultado de la prueba—: se confunde ser evaluado con ser valorado. Lo primero le ocurre a una capacidad tuya. Lo segundo te ocurre a ti, y no cabe en un informe.
Antes: la única preparación es logística
Hartman entregaba la prueba acompañada de una hoja de explicación con cinco indicaciones. Las cinco se cumplen con el calendario, no con el estudio.4
Leer las instrucciones con calma y entenderlas antes de empezar. Buscar un sitio donde nadie te interrumpa. Que sea tranquilo y esté bien iluminado. Hacerla en un momento en que estés sin tensión. Y saber que no hay límite de tiempo.
Eso es la preparación entera. Ni lecturas previas, ni conocimientos de axiología, ni una noche de sueño especial.
En la práctica son veinte o treinta minutos, y conviene hacerlos de una sentada: la ordenación pierde precisión si se rompe a la mitad.5
Si puedes, en papel. Mover las frases físicamente y compararlas unas con otras hasta quedar conforme se parece más a lo que la prueba quiere ver que arrastrar filas en una pantalla. La versión online recoge exactamente la misma prueba y es igual de válida.
Y se completa antes de la primera sesión, no durante. La sesión dura noventa minutos y son pocos para ordenar y además hablar de lo ordenado.
Durante: ordenar, y ya está
En qué consiste, dicho lo más corto posible: colocar frases en orden, de mejor a peor. Eso es todo lo que haces tú.
No hay preguntas sobre ti. No hay escalas de «muy de acuerdo» a «nada de acuerdo». No hay casillas que marcar. Recibes una lista de dieciocho frases y decides el orden que te parece correcto.
Son dos listas. La primera recoge realidades del mundo —objetos, actos, ideas— que recorren todo el arco del valor. La segunda son dieciocho frases en primera persona sobre ti, con un arco igual de amplio.
Que sean dos no es un detalle de formato: es el diseño. La primera parte mide la capacidad de valorar el mundo y la segunda la de valorarte a ti, porque son dos capacidades distintas y casi nunca están igual de afinadas.6
Hay una tercera lista, la del mundo sexual, que se añadió más tarde y no es obligatoria: solo se incluye si tú quieres.6
Sobre la experiencia en sí, dos cosas que vale la pena saber de antemano.
La primera es estructural. Como cada lista recorre el arco completo, de lo mejor a lo peor, los extremos se colocan casi solos. El centro es donde se decide de verdad, y ahí es normal quedarse un rato largo entre dos frases que te parecen igual de regulares. Ese atasco no es un fallo tuyo y no hay que arreglarlo — arreglarlo es justamente lo que empeora el resultado.
La segunda es de Hartman. En su hoja de explicación decía que, numerando los elementos tal como los sientes, estás pintando tu propio autorretrato.4 Un autorretrato no se ensaya. Se pinta.
¿Se puede suspender?
No. Pero la respuesta honesta tiene dos capas y merece la pena verlas separadas, porque a primera vista parecen contradecirse.
La hoja que Hartman entregaba a cada persona empieza diciendo que no hay una manera correcta ni incorrecta de rellenar la prueba, porque cada quien tiene su patrón propio.4 Eso es cierto y va dirigido a ti: no existe una forma de hacerlo bien, así que suéltate.
A la vez, el manual explica que lo que se mide es la desviación entre tu ordenación y un orden teórico deducido del cálculo de valor de la axiología formal, y que por eso la prueba mide la capacidad de emitir juicios de valor.7 Eso también es cierto, y va dirigido a quien interpreta.
Las dos afirmaciones conviven porque hablan de niveles distintos. Tu manera de rellenarla no es correcta ni incorrecta. La ordenación resultante sí se contrasta con una referencia — que no es el promedio de quienes respondieron antes, sino un orden que sería el mismo aunque nadie más hubiera hecho la prueba nunca.
De ahí que no haya nota. Lo que hay es una distancia, y una distancia no califica: señala en qué región de tu manera de valorar se te emborrona la vista.
Un suspenso cierra una puerta. Un desenfoque te dice hacia dónde girar la cabeza.
Después: qué recibes y qué no
Lo que no recibes es un PDF con una puntuación.
El perfil en bruto es un documento técnico y, a solas, es un papel con números: leerlo sin formación se parece a leer una analítica sin saber qué significan los valores de referencia. El propio manual se publica para personas cualificadas y dedica muchas más páginas a interpretar que a aplicar.8
Lo que recibes es un informe que traduce tu ordenación en un mapa legible —qué dimensiones del valor tienes afinadas, cuáles se emborronan, en qué mundo aparece cada cosa— y, sobre todo, la lectura de ese informe contigo delante.
Eso ocurre en tres sesiones de noventa minutos, separadas en el tiempo, online o presenciales en Barcelona.
En la primera revisamos los resultados y obtienes una primera imagen de tu estructura. En la segunda entramos en los patrones y las tensiones: dónde aparece la fricción y qué la sostiene. En la tercera lo traducimos en decisiones concretas de tu momento vital.
Que sean tres y no una tiene una razón sencilla: la primera lectura sorprende, la segunda ordena y la tercera se puede aplicar. Comprimirlas produce una conversación interesante y ningún cambio.
Y una última cosa sobre lo que no vas a recibir: un tipo, cuatro letras, un eneatipo. No hay casilla en la que caer. Lo que se mide son capacidades de juicio, no rasgos fijos, y las capacidades se afinan o se deterioran según el momento.
Por eso un perfil retrata cómo valoras hoy. Repetirlo tiempo después muestra qué se ha movido, y esa comparación suele decir más que el primer perfil.
La única preparación que sí sirve
Si has llegado hasta aquí buscando cómo prepararte, aquí tienes la lista completa: elige una hora en la que no tengas prisa, silencia el teléfono, siéntate donde haya buena luz y no leas nada más sobre la prueba antes de hacerla.
Eso es todo. No hay temario, no hay respuestas modelo y no hay una versión tuya que quede mejor.
Lo que hay es media hora ordenando frases y, después, tres conversaciones para entender qué dice ese orden.
La parte exigente no es la prueba. Es lo que decidas hacer con lo que veas.
Referencias
Obras de referencia
- Robert S. Hartman, The Hartman Value Profile: Manual of Interpretation — el manual original del instrumento, de donde proceden aquí la descripción general de la prueba y la hoja de explicación que se entregaba a la persona. Hartman lo terminó en los últimos años de su vida; el Robert S. Hartman Institute publicó la segunda edición en 2006. El perfil se construyó en México, en colaboración con el psicólogo Mario Cárdenas Trigo.
- Mariano Cruz Zamora, Manual para la interpretación clínica del Perfil de Valores Hartman (2015) — sistematización de la tradición clínica Roquet–Castro, de la que procede la tercera parte de la prueba y el criterio de interpretación en español.
Fuentes
- ↩ Robert S. Hartman, The Hartman Value Profile: Manual of Interpretation, §4.1.2.2: no cabe «hacer trampa» en la prueba, porque los ítems «no tienen significado material sino solo formal» y lo que se mide no es la interpretación que la persona hace de ellos, sino el modo en que los ordena en sus relaciones mutuas. Y: «los experimentos han demostrado que cuando una persona intenta rellenar la prueba del modo en que cree que debería rellenarse, el resultado suele ser peor que si la hubiera rellenado como la sentía», porque colocar un ítem intencionadamente fuera de sitio arrastra otras posiciones que ya escapan a su voluntad. Las traducciones de los pasajes son propias.
- ↩ Manual of Interpretation, §0.2: «La prueba no pretende medir la energía o el empuje que una persona tiene. Dos personas con idéntica dotación axiológica pueden tener rangos de acción distintos, dependiendo de su energía innata».
- ↩ Manual of Interpretation, §0.1: la capacidad de valorar es un talento que, en un sentido, es independiente de las capacidades intelectuales y emocionales y, en otro, depende de ellas, «en la medida en que la capacidad de valorar es la habilidad de organizar las propias capacidades intelectuales y emocionales». El mismo apartado añade que, por esa razón, la prueba da también indicaciones sobre esas dos capacidades; aquí no se desarrolla ese punto porque pertenece a la interpretación clínica y no a lo que la persona hace al completarla.
- ↩ Manual of Interpretation, §4.2, «Explanation of the Hartman Value Test»: la hoja que, según el manual, se entrega a la persona junto con la prueba. Abre así: «No hay una manera correcta o incorrecta de rellenar esta prueba, puesto que cada persona tiene su patrón propio y distinto», y añade que «siguiendo personalmente las instrucciones y numerando los ítems tal como los sientes, estarás pintando tu propio autorretrato». Las cinco indicaciones que siguen son, resumidas: leer con atención las instrucciones y asegurarse de entenderlas antes de empezar; estar en un lugar sin interrupciones que puedan romper la concentración; que sea tranquilo y esté bien iluminado; hacerla en un momento de calma y sin tensión; y saber que no hay límite de tiempo. Conviene no leer la primera frase como si negara que exista un orden de referencia: va dirigida a quien completa la prueba y habla de su manera de rellenarla, no del criterio con que después se interpreta (véase la nota 7).
- ↩ La duración aproximada, la preferencia por el papel frente a la pantalla, el orden respecto de las sesiones y el formato de tres encuentros de noventa minutos son la práctica de Mapa de Valores, descrita en la página del sitio dedicada a la Prueba de Valores de Hartman. No proceden del manual, que no fija ninguna de esas cosas: solo establece que no hay límite de tiempo.
- ↩ Manual of Interpretation, §0.5: «La prueba consta de dos partes: la primera mide la capacidad de valorar el mundo; la segunda, la capacidad de valorar el propio yo». La tercera parte —la del mundo sexual— es posterior y no es de Hartman: la diseña el psiquiatra mexicano Salvador Roquet siguiendo la axiología formal y en 1984 se la entrega a su discípulo Alfonso Castro Asomoza, que la sistematiza; llega al español por esa vía y la recoge Cruz Zamora (2015). Que no sea obligatoria es criterio de Mapa de Valores.
- ↩ Manual of Interpretation, §0.3: la prueba «mide la desviación de la puntuación del propio sujeto respecto de una puntuación teórica basada en la axiología formal, la ciencia de la lógica del valor. Esta lógica determina la corrección o incorrección de los juicios de valor. La prueba mide, por tanto, la capacidad de emitir juicios de valor». Aquí se describe qué se compara y con qué, sin siglas, umbrales ni mecánica de corrección: publicar eso comprometería la prueba para quien fuera a hacerla.
- ↩ Leon Pomeroy, prefacio a la segunda edición del Manual of Interpretation (Robert S. Hartman Institute, 2006): el manual «proporciona información sobre la administración, la aplicación y la interpretación del HVP» y el Instituto lo pone a disposición de «personas cualificadas». El mismo prefacio sitúa la construcción del perfil en México, en la colaboración de Hartman con su alumno posdoctoral Mario Cárdenas Trigo.
Casi todas las pruebas que has hecho premiaban la preparación. Esta premia lo contrario: llegar tal cual. Y es incómoda por eso, no por otra cosa: lo que te pide no se puede ensayar.