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Qué es la Axiología Formal y por qué mide lo que otros tests no miden

Juan Carlos Sastre
#AxiologíaFormal #Hartman #CienciaDelValor #PerfilDeValores #Axiometría

Un juez alemán huye del nazismo. Ha visto algo que no le deja dormir: con qué precisión, con qué eficacia de ingeniería, se puede organizar el mal. Y se hace una pregunta que parece ingenua y es enorme: si el mal puede organizarse tan bien, ¿por qué no el bien? Esa pregunta, llevada hasta el final, fundó una ciencia.

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Ese hombre era Robert S. Hartman (1910-1973), y la ciencia que fundó se llama axiología formal: la ciencia del valor. Este artículo explica qué es, en qué se apoya y por qué, cuando se convierte en una herramienta de medida —la Prueba de Valores de Hartman—, mide algo que ningún test de personalidad mide.

Una ciencia para una pregunta moral

Conviene saber quién se hizo esa pregunta. Hartman era juez —juez auxiliar en el distrito de Beeskow— y enseñaba filosofía del derecho en la Universidad de Berlín. Desde su puesto imponía las multas más duras que podía a las bandas nazis que aterrorizaban a la población; una noche, tras levantarse a denunciar el movimiento al término de un mitin, unos camisas pardas lo arrojaron por una ventana. Era, en sus propias palabras, «un hombre marcado», y tuvo que huir.1

Su decisión no nació en un despacho, sino frente a esa eficiencia del mal. La formuló así: «si el mal puede organizarse con tanta eficacia, ¿por qué no el bien? ¿Hay alguna razón para que la eficacia sea monopolio de las fuerzas del mal en el mundo?».

Pero antes de organizar el bien tenía que responder a otra cosa, la pregunta que —escribió— «empezó a dar sentido a mi vida»: ¿qué es el bien? Si tuviera respuesta, quizá el bien podría organizarse científicamente, y podríamos reconocer los valores humanos con la misma seguridad con que reconocemos los valores materiales.1 Por ese empeño fue candidato al Nobel de la Paz en 1973.

El problema que se encontró es que, hasta entonces, el valor —lo bueno, lo malo, lo mejor, lo peor— era territorio de la opinión. Cada filósofo metía sus propios valores en la balanza, y toda pretensión de objetividad se evaporaba. No había, en sentido estricto, una ciencia del valor: había creencias sobre el valor.

La apuesta de Hartman fue mudar el valor desde la ética hacia la lógica. Si conseguía una definición formal de «bueno» —una que funcionara igual para todos, como una ecuación—, el valor podría medirse. Y lo que se mide, se puede estudiar con precisión.

El axioma: una cosa es buena cuando cumple su concepto

Toda ciencia se asienta en un axioma: una afirmación de partida que se acepta y desde la cual se construye todo lo demás. El de la axiología formal es de una sencillez desarmante:

Una cosa es buena si, y solo si, cumple el conjunto de propiedades de su concepto.

Dicho de otro modo: valoramos algo según el grado en que se ajusta a la idea que lo nombra.2 Un cajero honrado es un buen cajero, porque la honradez forma parte del concepto «cajero». Pero un bandido honrado es un mal bandido, porque la honradez no está en el concepto «bandido». La misma cualidad suma o resta según el concepto contra el que la midas.

Hartman lo decía con ejemplos de andar por casa: «un buen micrófono es el que tiene todas las propiedades que un micrófono debe tener; un buen queso, el que tiene todas las propiedades de un queso; una buena persona, la que tiene todas las propiedades que una persona debe tener». La bondad, en sus palabras, no es más que «el cumplimiento del concepto o la definición de cada cosa».2

De aquí se sigue algo que cambia el juego: el valor no está en las cosas. Está en la relación entre una cosa y su concepto, en cuánto encaja una en el otro. Y una relación de encaje se puede contar: cuántas propiedades del concepto cumple la cosa. El «bien» deja de ser una intuición y se vuelve una medida.

Las tres dimensiones del valor

Si valorar es comparar una cosa con su concepto, entonces todo depende del tipo de concepto que uses. Y aquí Hartman encuentra tres, no más. Tres maneras de valorar la misma cosa.3 Tómese un caballo:

  • Valoración sistémica (S). ¿Cumple las propiedades que definen «caballo»? Es caballo o no lo es. Todo o nada. Es el valor de las definiciones, las reglas, las leyes, los ideales: lo perfecto o imperfecto según un sistema. No admite grises.
  • Valoración extrínseca (E). Dentro de los caballos, ¿es mejor o peor que otros? Aquí comparas: color, raza, tamaño, estado. Es el valor de lo útil y lo funcional, lo que tiene muchas propiedades pero contables, y por eso se compara, se mide y se cambia por otro.
  • Valoración intrínseca (I). Este caballo. El mío, al que vi nacer, al que puse nombre. Único e irrepetible. No lo comparas con ningún otro porque no hay otro igual. Es el valor de lo singular, que no se sustituye.

No son tres temas distintos: son tres profundidades de mirada sobre lo mismo. Y la diferencia entre ellas no es de grado, sino de orden. Es lo que hace que esto sea una ciencia y no una metáfora.

Por qué «infinito» no es una manera de hablar

El valor, para Hartman, equivale a la riqueza de propiedades: cuantas más propiedades reúne un concepto, más vale aquello que lo cumple. Y aquí las tres dimensiones se separan de forma tajante.

Un sistema —una regla, un ideal— tiene pocas propiedades y fijas: por eso es de todo o nada. Una cosa concreta tiene muchas, pero las puedes enumerar: por eso se compara. Un ser único tiene infinitas: nunca terminas de describir del todo a una persona a la que quieres. Siempre queda un matiz más.

Hartman descubrió que esas tres escalas —lo finito, lo enumerable y lo infinito— se corresponden exactamente con la matemática de los números transfinitos. Con esa correspondencia construyó una tabla objetiva de valores, parecida a una tabla de logaritmos, y la base para medir.4 Ese es el «formal» de axiología formal: no es una sensibilidad, es un cálculo.

Que una vida valga infinitamente más que cualquier idea no es poesía: es aritmética.

La jerarquía —y por qué importa fuera del aula

De esa matemática sale una jerarquía que no se puede discutir a gusto de cada uno: una sola vida (I, infinita) vale infinitamente más que todas las cosas (E), y las cosas valen infinitamente más que todos los pensamientos o sistemas (S). No es una preferencia: es el tamaño de los conjuntos.

Esto invierte la escala que Occidente arrastró durante siglos, la que ponía el sistema —la idea, el dogma, la «causa»— en lo más alto. Para Hartman ahí estaba la raíz del desastre. Lo dijo sin rodeos: todos los grandes crímenes de la humanidad se han cometido en nombre de algún sistema.5

Y aquí se cierra el círculo con el juez que huía. Lo que Hartman vio en el nazismo, formalizado, es esto: el mal, estructuralmente, es poner el valor sistémico por encima del intrínseco. Sacrificar a una persona —valor infinito— en nombre de una idea —valor finito—. La axiología no condena eso desde la moral: lo demuestra desde la aritmética.

Y por eso mide lo que otros tests no miden

Convertida en herramienta, la axiología formal da la Prueba de Valores de Hartman. Es un instrumento axiométrico, no psicométrico, y la diferencia no es técnica: es de objeto.6

Un test psicométrico mide qué eres: rasgos, personalidad, una etiqueta que te encaja en una categoría. Fíjate en que eso es, en sí mismo, una operación sistémica: te mete en una caja —extrovertido, tipo 4, alto en apertura— y la caja queda. Te describe como se describe una cosa.

La axiología mide otra cosa: cómo valoras. No tu contenido, sino la estructura de tu capacidad de valorar. Dónde distingues con nitidez lo único, lo útil y lo normativo, y dónde se te emborrona. No dice «eres así». Dice «aquí ves claro, aquí no», y eso —a diferencia de un rasgo— se puede trabajar y cambiar.

Un test psicométrico te da un veredicto. La axiología te devuelve un mapa.

Por eso un perfil axiológico no te reduce a un número. Hace lo contrario: existe, precisamente, para impedir que una persona se confunda con su función o con su etiqueta. Mide con rigor para devolverte lo intrínseco —lo que en ti no cabe en ninguna medida—. Hartman construyó un instrumento de precisión para que la precisión no volviera a ser monopolio de quienes reducen a una persona a una cifra.

Referencias

Obras de referencia

  • Robert S. Hartman, The Structure of Value: Foundations of Scientific Axiology (1967) — la formalización y medida de las tres dimensiones del valor y la fundación de la axiología formal.
  • Robert S. Hartman, Freedom to Live: The Robert Hartman Story, ed. Arthur R. Ellis (Rodopi, 1994) — autobiografía; relata su huida del nazismo, la decisión de «organizar el bien» y la génesis de la pregunta «¿qué es el bien?».
  • Robert S. Hartman y Mario Cárdenas Trigo, Manual de la Prueba de Valores de Hartman (El Manual Moderno, 1967; eds. posteriores 1973, 2006, 2015) — manual original del instrumento, desarrollado en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM.
  • Mariano Cruz Zamora, Manual para la interpretación clínica del Perfil de Valores Hartman: en la versión de Alfonso Castro Asomoza (2015) — sistematización clínica heredera de la tradición de Roquet; recoge el axioma, las dimensiones y la jerarquía axiológica.
  • Janine Rodiles-Hernández, Axiometría Cognitiva (Astrolabio, 2024) — bases epistemológicas de la axiología formal desde las ciencias cognitivas; recoge las palabras de Hartman sobre «organizar el bien».
  • Leon Pomeroy, The New Science of Axiological Psychology (2005) — rama de validación empírica y estadística de la axiología.

Fuentes

  1. Datos biográficos y citas tomados de la autobiografía de Hartman: fue juez auxiliar en el distrito de Beeskow y profesor de filosofía del derecho en la Universidad de Berlín; por su activismo antinazi —multas a las bandas nazis, artículos en Das Freie Wort, el panfleto Die Frau Hitler (1932)— fue «un hombre marcado» y hubo de huir a Estados Unidos. Las citas («si el mal puede organizarse con tanta eficacia, ¿por qué no el bien?»; «¿qué es el bien?»; reconocer los valores humanos «con la misma seguridad» con que reconocemos los materiales) proceden de R. S. Hartman, Freedom to Live: The Robert Hartman Story, ed. Arthur R. Ellis (Rodopi, 1994), caps. «I Was Born to Die» y «What Is Good?». Candidato al Nobel de la Paz en 1973. El episodio lo corroboran Cruz Zamora (2015) y Rodiles-Hernández (2024).
  2. Axioma fundacional de la axiología formal: «una cosa es buena cuando tiene todas las propiedades que se supone que debe tener […]; la bondad es el cumplimiento del concepto o la definición de cada cosa», con los ejemplos del micrófono, el queso y la persona, en R. S. Hartman, Freedom to Live (Rodopi, 1994), cap. «What Is Good?»; formulación técnica en The Structure of Value (1967). El valor no es propiedad de las cosas, sino de la relación entre la cosa y su concepto. El ejemplo del cajero y el bandido procede de Cruz Zamora (2015).
  3. Hartman deriva las tres dimensiones de la clasificación de los conceptos en definitorios (valoración sistémica), expositivos (extrínseca) y descriptivos o singulares (intrínseca). El ejemplo del caballo —«es o no es caballo» / «mejor o peor caballo» / «este caballo único»— procede de Cruz Zamora (2015). Fuente: Cruz Zamora (2015), siguiendo a Hartman.
  4. Las tres gamas de valoración (lo finito, lo enumerable y lo infinito) se corresponden con la matemática de los números transfinitos; Hartman elaboró con ella un cuadro objetivo de valores formales «semejante a una tabla de logaritmos». Fuente: Cruz Zamora (2015).
  5. «La jerarquía axiológica de los valores […] demuestra que una sola vida es infinitamente más valiosa que todos los pensamientos reales o posibles […]. Todos los grandes crímenes de la humanidad se han hecho en nombre de algún sistema». R. S. Hartman, citado en Cruz Zamora (2015).
  6. El instrumento es axiométrico, no psicométrico: mide la capacidad y la estructura de la valoración, no rasgos de personalidad. Lo desarrollaron Robert S. Hartman y Mario Cárdenas Trigo en 1967. Leon Pomeroy describió su uso clínico como un «manejo empírico» de la teoría del valor de Hartman, «una prueba psicológica sin validación psicométrica». Fuentes: Rodiles-Hernández (2024); Cruz Zamora (2015).
Reflexión final

La axiología formal es una ciencia que mide para que nunca más midamos a una persona como se mide una cosa. Pone número a lo que se puede contar, justamente para proteger lo que no.

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