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HVP vs MBTI: tipología frente a medición de valores

Juan Carlos Sastre
#AxiologíaFormal #MBTI #Tipología #Autoconocimiento #Hartman

En la bio de una app de citas, junto a la estatura y el signo del zodiaco, aparecen cuatro letras: INFJ, ENTP, ISTP. Se han vuelto una forma de presentarse.1 «Soy INFJ» explica —o promete explicar— por qué amas como amas y trabajas como trabajas. Es comodísimo. Y ahí, justo en la comodidad, está el problema.

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El MBTI y el Perfil de Valores de Hartman (HVP) son, probablemente, las dos formas más comunes de «conocerte con un test». Se mencionan a veces en la misma frase, como si fueran rivales que hacen lo mismo. No lo son. No miden lo mismo y, lo que importa más, no hacen siquiera el mismo tipo de operación. Uno te clasifica; el otro te mide.

Qué es, en realidad, el MBTI

El Indicador de Tipo Myers-Briggs parte de los tipos psicológicos de Carl Gustav Jung y fue construido, ya en los años cuarenta, por Katharine Cook Briggs y su hija Isabel Briggs Myers.2 Su mecánica es sencilla: cuatro dicotomías —Extraversión/Introversión, Sensación/Intuición, Pensamiento/Sentimiento, Juicio/Percepción— que, combinadas, dan dieciséis tipos. Tú respondes, y el test te devuelve una de esas dieciséis casillas.

Es, en esencia, un autoinforme de preferencias: describe las tendencias que tú mismo declaras y las resume en una etiqueta. Y la etiqueta engancha por buenas razones: da identidad, da pertenencia («los INFJ somos así»), ofrece una historia ordenada de uno mismo. En un mundo confuso, recibir un nombre para lo que eres resulta un alivio.

Una tipología es una operación sistémica

Aquí conviene mirar con lente axiológica. Clasificar es preguntar: ¿esto encaja en el concepto, sí o no? Perteneces a un tipo o no perteneces. Eso es exactamente el modo de valorar que la axiología llama sistémico: el de los conceptos, las definiciones y las casillas, donde todo es de todo o nada.3

Un tipo es un concepto. Cuando dices «soy INFJ» te estás ajustando a una categoría. Y para describir tendencias eso puede valer. El problema aparece cuando la etiqueta se toma por la verdad de quién eres, porque una persona no es un concepto: es un valor intrínseco, único e inagotable. Nunca terminas de describir del todo a alguien a quien quieres; siempre queda un matiz más. Meter eso —que es infinito— en una de dieciséis casillas finitas no es un retrato: es un error de categoría.

Meter a una persona —infinita— en una de dieciséis casillas no es un retrato: es un error de categoría.

Y un aviso para no confundirse, porque la coincidencia despista: las letras del MBTI no son las dimensiones de Hartman. La «S» de Myers es Sensación; la «S» de Hartman es Sistémico. La «I» de Myers es Introversión; la «I» de Hartman es Intrínseco. Coinciden las letras, no los significados. Son dos alfabetos distintos sobre dos cosas distintas.

Qué mide el Perfil de Valores de Hartman

El HVP no es una tipología: es una axiometría. No te mete en un grupo; mide la estructura de tu valoración: cómo distingues lo único (intrínseco), lo útil (extrínseco) y lo normativo (sistémico) en cada uno de tus mundos —el externo, el interno y el vincular—.4 No dice «eres así». Dice «aquí ves con nitidez, aquí se te emborrona».

La diferencia es enorme en la práctica. Un bloqueo no es un tipo: no te define, y se puede trabajar y cambiar. El mapa que devuelve el HVP es corregible; un tipo, en cambio, tiende a fosilizarse —te lo aprendes y empiezas a actuar el papel—. Por eso decimos que el HVP es axiométrico, no psicométrico: mide cómo valoras, no qué eres.

Describir no es medir (ni etiquetar es conocer)

Una tipología ordena en categorías que no se jerarquizan entre sí: ser INTP no es «más» que ser ESFJ, solo distinto. Una axiometría mide una estructura con orden y grado. Son operaciones de naturaleza diferente, y eso se nota también en su solidez.

Al MBTI se le ha reprochado, desde la propia psicometría, que una proporción notable de personas obtiene un tipo distinto al repetir el test pocas semanas después, y que sus dicotomías no separan dos poblaciones reales, sino que parten por la mitad un continuo donde casi todos están cerca del centro.5 Si tu «tipo» cambia de un mes a otro, no era una esencia. El modelo de Hartman, por su parte, fue sometido durante más de veinte años a estudios de fiabilidad y validez, comparándolo con instrumentos consolidados como el MMPI y el 16PF.6

Nada de esto convierte al MBTI en un fraude. Como vocabulario compartido, como excusa para hablar de uno mismo, como primer empujón hacia la introspección, tiene una utilidad real —extrínseca, funcional—. Su error no es existir: es dejar que una descripción se disfrace de esencia, que una casilla útil se confunda con el fondo de una persona.

Una tipología te da una casilla; una axiometría te da un mapa —y los mapas se corrigen.

Por qué importa la diferencia

Una tipología responde a la pregunta «¿en qué grupo estoy?». Es una pregunta de pertenencia, y se contesta con una etiqueta tranquilizadora y fija. Una axiometría responde a otra: «¿dónde, en qué dimensión y en qué mundo, he dejado de valorar bien?». Es una pregunta incómoda, pero trabajable.

Esa es, en el fondo, la diferencia entre describir y medir. La mayoría de las herramientas de autoconocimiento te entregan un retrato y te dejan ahí, contemplándolo. Medir la estructura de tu valoración no te da un retrato: te da un punto de partida para moverte.

No eres cuatro letras

Compartes cuatro letras con muchos millones de personas. Lo que no compartes con nadie es precisamente lo que ningún tipo puede capturar: el valor intrínseco, infinito, de ser esta persona y no otra.

Un tipo te cuenta una historia sobre ti, casi siempre halagadora, y te invita a habitarla. Un mapa de valores hace lo contrario: te quita la etiqueta y te devuelve una pregunta mejor. La primera consuela. La segunda, si te dejas, te cambia.

Referencias

Obras de referencia

  • Carl G. Jung, Tipos psicológicos (1921) — base junguiana de la que parte la tipología Myers-Briggs.
  • Isabel Briggs Myers (con Katharine C. Briggs), MBTI Manual — descripción del instrumento, las cuatro dicotomías y los dieciséis tipos.
  • David J. Pittenger, «Measuring the MBTI… and Coming Up Short» (Journal of Career Planning & Employment, 1993) — crítica clásica a la fiabilidad y validez del MBTI.
  • Robert S. Hartman, The Structure of Value: Foundations of Scientific Axiology (1967) — el axioma y las tres dimensiones del valor.
  • Mariano Cruz Zamora, Manual para la interpretación clínica del Perfil de Valores Hartman (2015); Janine Rodiles-Hernández, Axiometría Cognitiva (2024) — naturaleza axiométrica y estructura del HVP.
  • Leon Pomeroy, The New Science of Axiological Psychology (2005) — validación empírica y estadística del modelo.

Fuentes

  1. Incluir el tipo MBTI en los perfiles de las apps de citas es un fenómeno documentado: ya en 2019 las menciones a tipos Myers-Briggs en biografías de Tinder superaban, juntas, a las de Drake, Juego de Tronos y Stranger Things, y el INFJ figura como el tipo más propenso a declararlo; apps como Hinge facilitan expresarlo y existen servicios que emparejan por tipo (p. ej. So Syncd). Fuentes: Elite Daily; Bustle; Introvert, Dear; We Are Muddy Wellies.
  2. El MBTI se apoya en los tipos psicológicos de C. G. Jung (Tipos psicológicos, 1921) y fue desarrollado por Katharine Cook Briggs e Isabel Briggs Myers a partir de los años cuarenta. Genera dieciséis tipos a partir de cuatro dicotomías (E/I, S/N, T/F, J/P) mediante autoinforme de preferencias. Fuentes: Jung (1921); Myers, MBTI Manual.
  3. En la axiología formal de Hartman, la valoración sistémica es la de los conceptos y definiciones: pertenencia de todo o nada a una categoría. Clasificar a una persona en un tipo es aplicarle un concepto (operación sistémica). Frente a ello, la persona es valor intrínseco: de propiedades infinitas, no sustituible. Fuentes: Hartman, The Structure of Value (1967); Cruz Zamora (2015).
  4. El HVP es una prueba axiométrica: mide la estructura y la capacidad de valoración en las tres dimensiones (intrínseca, extrínseca, sistémica) dentro de los tres mundos (externo, interno y sexual o vincular), no rasgos de personalidad. Fuentes: Cruz Zamora (2015); Rodiles-Hernández (2024).
  5. Crítica psicométrica clásica: una proporción notable de personas obtiene un tipo distinto al repetir el MBTI semanas después, y las dicotomías dividen un continuo en lugar de separar dos poblaciones reales. Fuente: D. J. Pittenger, «Measuring the MBTI… and Coming Up Short» (1993).
  6. Leon Pomeroy dedicó más de veinte años a estudiar la fiabilidad y validez del modelo axiológico de Hartman, comparándolo con instrumentos como el MMPI y el 16PF. Fuente: Pomeroy, The New Science of Axiological Psychology (2005).
Reflexión final

Un tipo te cuenta una historia sobre ti y te invita a habitarla. Un mapa de valores te quita la etiqueta y te devuelve una pregunta mejor.

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